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CARAVANAS DE MIGRANTES TRAS EL SUEÑO CAPITALISTA

Ovidio Roca

Las migraciones son una característica permanente de la historia humana y muchas de ellas han facilitado el desarrollo de las sociedades, enriquecido las culturas y civilizaciones y contribuido a la evolución de los Estados.

La causa principal de la actual crisis migratoria latinoamericana son los efectos nefastos del inviable modelo populista (amparado en su “derecho humano”, Evo dixit, de gobernar indefinidamente). Las secuelas de su flagrante fracaso económico y social está generando el éxodo de los ciudadanos quienes para sobrevivir; miserables y desesperados migran hacia países democráticos más prósperos y seguros; que por supuesto no son Cuba o Nicaragua.

En nuestra actual civilización del espectáculo, este proceso migratorio ha tomado un matiz mediático y está promoviendo la discusión sobre los derechos de los migrantes y no de las causas y soluciones de su exodo. Algunos argumentan que migrar es un derecho humano, aunque muchos entienden que los migrantes como toda persona tienen derechos humanos; pero ingresar ilegalmente a otro país no es un derecho humano.

Cuando estos migrantes salen de sus pueblos en busca de mejores oportunidades e ingresan masivamente a otros países, ya de si superpoblados, inevitablemente provocan conflictos pues ocupan los territorios donde otros ya viven; donde otros están instalados y por lo cual estos tienen la necesidad y obligación de defender su territorio, su país, su cultura y su forma de vida.

Cuando los migrantes llegan a cualquier país, la solidaridad funciona cuando son pocas personas y la población condolida los acoge y ayuda; pero cuando esta migración es masiva empiezan las reacciones negativas, que luego son de ambas partes. Se da el caso de algunos migrantes que llegan a pueblos donde no son bien recibidos y donde no los quieren, pero para sobrevivir buscan desesperadamente “resolver”, hacer sus “negocios” y lo hacen con rabia destruyendo, vandalizando, ensuciando y lo hacen como jaurías al ataque. Como se dice “lo poco amansa y lo mucho espanta”.

Aunque las causas de esta migración, especialmente hacia los Estados Unidos y los países latinoamericanos más estables son por demás  conocidas; entre ellas la crisis económica en sus países, la inseguridad, la violencia de las pandillas y maras, la corrupción e ineficacia de los gobiernos, falta de trabajo y oportunidades, el cambio climático y la sequía (entre otras); poco o nada se ha avanzado en encontrar soluciones para detenerla. Se habla mucho y se hace nada y los analistas y políticos tratan este problema mirando sus efectos y proponiendo contenerla con medidas represivas, muros y prisión, pero eso no resuelve el problema.

Mientras sigan existiendo las condiciones de pobreza, con el agravante de la inseguridad y el crimen organizado, las comunidades no van a permitir que los jóvenes se queden en sus hogares de origen, sino que busquen condiciones de seguridad y luego de un trabajo estable”, decía el Vicepresidente electo de El Salvador.

Constitucionalmente es responsabilidad y obligación de los Estados, resguardar sus fronteras y solo permitir el ingreso legal de los visitantes, los que luego de ingresados deben respetar a la población, las leyes del país y su cultura.

Utilizando un enfoque “políticamente correcto”, con visiones sentimentales que mezclan la ficción con la realidad, es imposible encontrar y aplicar soluciones y acciones prácticas que vayan al origen, a las causas del problema. Por tanto en estos casos de éxodo y migración forzada, la comunidad internacional democrática debe urgentemente tomar medidas adecuadas y eficaces para evitar que tanto los migrantes como los países anfitriones sean afectados. En esta dramática situación de crisis social y política, el papel efectivo y practico de las instituciones internacionales y los líderes políticos y sociales es atacar los orígenes del problema, especialmente el hambre e inseguridad que impulsa la migración de millones de personas hacia el paraíso capitalista.

La solución práctica para este drama, cuyo origen es la evidente inviabilidad económica y social de los gobiernos populistas castrochavistas que devienen en dictaduras es: Extirpar a los malos gobernantes, empezando con Maduro; instaurar un nuevo gobierno democrático, cambiar de modelo político y económico populista hacia un modelo democrático liberal y esto implica: bajar el gasto público como paso indispensable para poder crecer, reducir la presencia del Estado en la economía y las empresas, combatir la corrupción, reducir la burocracia cubriendo los cargos con personal idóneo y elegido por mérito. En la coyuntura establecer programas de apoyo para reconstruir el país, con planes de asistencia técnica y financiera, de organización, educación, tecnología, producción alimentaria, salud, etc. y para esto se contara con un decidido apoyo internacional, que lo hará como medida profiláctica pues las masivas migraciones anárquicas complican la vida a todos.

El populismo destruye la institucionalidad y la moral de los países, por lo cual debería pensarse en alguna modalidad de poner esos pueblos infectados, bajo la administración de una institución, una empresa, para que los organicen, eduquen a su población con valores y principios de libertad y responsabilidad, les enseñen a trabajar y luego cuando se sanen y se gradúen puedan gobernarse solos.

ovidioroca.wordpress.com

 

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ESTADO DEMOCRATICO FEDERAL

Ovidio Roca

Es tarea primordial de las personas trabajar para lograr seguridad para su casa, su vida y sus bienes y cuando no lo consigue, huyendo de la inseguridad, se van al país o al lugar donde el sistema de justicia garantice sus derechos fundamentales. Por tanto si queremos permanecer y prosperar en nuestros pueblos debemos construir  un sistema de gobierno que garantice y proteja nuestra libertad y seguridad, pues de no hacerlo sufriremos las lamentables circunstancias que viven los pueblos centroamericanos y el venezolano.

Los bolivianos estamos conformados por pueblos y regiones de gran heterogeneidad étnica y cultural y vivimos dispersos en una amplia y diversa geografía; somos de diferentes nacionalidades, grupos religiosos y con variadas visiones y culturas, por lo que si queremos, todos y cada uno de nosotros, vivir en nuestras regiones juntos y en paz debemos construir ciudadanía y en esta calidad de ciudadanos de un Estado todos debemos tener seguridad jurídica, los mismos derechos e iguales obligaciones ante la ley.

Somos un pueblo heterogéneo y hay que entender que la heterogeneidad nos es mala; la unidad y la diversidad son conceptos básicos y complementarios, la unidad se opone a la desunión, y la diversidad a la homogeneidad, por lo cual la consigna que históricamente corresponde es: “pluribus unum”, es decir la unidad en la diversidad.

El actual Gobierno se precia de indigenista y ha nominado demagógicamente al país como Estado Plurinacional y menciona la existencia de 36 naciones indígenas, aunque en la práctica quien gobierna y con apoyo externo castrochavista, es un reducido grupo mestizo.

Hasta ahora y superando diversas circunstancias culturales y económicas, los bolivianos veníamos construyendo un Estado Nacional en procura de conseguir fines comunes; una difícil tarea para un país encerrado en el centro del continente, lejos de las costas marítimas, con una economía primaria extractiva y donde la competencia externa con el mundo globalizado, hace difícil el desarrollo de actividades productivas y manufactureras competitivas.

Esta inicial voluntad de convivencia  que tienen los bolivianos, empezó a fracasar cuando el grupo mestizo gobernante del MAS; utilizando el discurso étnico y la práctica autoritaria decide, por conveniencia más que por convicción, utilizar a dos grupos étnicos mayoritarios y de tradición centralista para imponerse sobre los otros más individualistas y contestatarios. Se apoyan además en que estos pueblos andinos tienen una tradición y una cultura mercantilista y de cultivo de la coca, por lo que los controlan siendo permisivos con el comercio informal y el tráfico de esta hoja y sus derivados, obteniendo así su acatamiento y su respaldo.

Las distintas regiones y pueblos de Bolivia que no forman parte del ámbito tradicional de la minería y la coca, han sido desde siempre sojuzgadas por el Centralismo, por lo cual han venido pelando permanentemente por su autonomía y la descentralización. Una descentralización que en esencia es consustancial al federalismo y que implica necesariamente la participación activa de las distintas regiones para desde ellas conformar un Gobierno Nacional Federal y Democrático.

En los Estados Democráticos Federales, las regiones ejercen su autogobierno y construyen sociedades basadas en la ley, con ciudadanos iguales ante la misma y un sistema de separación e independencia de los Poderes: legislativo, ejecutivo, judicial y electoral y exigen el cambio periódico de autoridades y la necesidad de un árbitro imparcial que garantice el cumplimiento de la Constitución. En lo económico administrativo se busca un sistema de propiedad privada, libre empresa y gobierno eficaz.

Este es el tipo de sociedad y de Estado, que con aciertos y errores ha venido evolucionado y logrado los mejores resultados en el mundo libre; con un Gobierno reducido y eficiente, servidores públicos eficaces, profesionales cada uno en su ramo y seleccionados en base al mérito. Un modelo de Estado y de Gobierno que otorga seguridad y garantías para que todas y cada una de las personas en libertad, puedan desarrollar todas sus potencialidades creativas que es la esencia del ser humano. Estados donde los pueblos y comunidades diversas manteniendo sus valores históricos y culturales se han venido mestizando y trabajando juntos y en paz.

Este es el Estado Federal Democrático y el que garantiza nuestro futuro y no el fracasado modelo castrochavista que aún subsiste y solo por poco tiempo más en cuatro países: Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia. Es urgente decidir lo que queremos y actuar en consecuencia.

ovidioroca.wordpress.com

 

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POR SUS FRUTOS LOS RECONOCEREIS

Ovidio Roca

Desde el pasado año se viene acelerando la migración de latinoamericanos que abandonan sus países; una vez más se quiebra la ilusión del prometido “paraíso socialista” y entonces corren desesperados buscando entrar por la fuerza al “paraíso gringo”. Son ciudadanos de Honduras, El Salvador, Guatemala, Nicaragua y ahora Venezuela quienes procuran a la fuerza ser acogidos en el Imperio o inundan los países vecinos; ellos huyen del populismo, un modelo socialista de tiranía y miseria que reiteradamente ha mostrado su inviabilidad económica y social.

Este exilio forzado de la población es un producto del drama cotidiano que se vive en los países donde se aplicó el modelo populista, gobiernos obsesionados por el poder absoluto y que devorados por la cultura del extractivismo, el estatismo y la corrupción se convierten en narco estados, al caer en el lucrativo negocio de las drogas el que finalmente se convierte en el motor de sus economías.

Nos dice (Mateo 7): “Por sus frutos los reconoceréis. Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos”.

Los líderes del populismo siempre demandan un proyecto país y efectivamente ellos tienen uno, el que durante trece años han aplicado en Bolivia y con exitosos resultados para ellos: una mescla de prácticas estatistas y dictatoriales, un Estado bajo su absoluto control, población sumisa a sus órdenes, recursos naturales y económicos para su propio beneficio; un manejo y manipulación demagógica de las masas con ofertas de bonos y prebendas y la total apropiación de los órganos del Estado para mantenerse indefinidamente en el poder, y adicionalmente una estrategia de conflicto permanente con sus enemigos externos e internos: donde son el enemigo externo, el imperialismo y los internos los neoliberales, los capitalistas todos ellos causantes y culpables, a su entender, del malestar económico, social y político que experimenta el pueblo.

Hasta ahora Bolivia mantiene una imagen de libertad y bonanza económica; esta última gracias a las exportaciones de gas producto de las reservas probadas y contratos heredados de los anteriores gobiernos, el importante aporte del narcotráfico cocalero y el contrabando, a lo que hay que añadir el masivo endeudamiento interno y externo especialmente con China, que al igual que en Venezuela ya ocupa, para cobrarse, espacios territoriales en nuestro país.

Según el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), en el periodo comprendido entre 2006 y 2017, Bolivia exportó gas natural a Brasil y Argentina por un valor de 40.801 millones de dólares, cifra no recibida en toda la historia Republicana. Adicionalmente los ingresos como producto del narcotráfico, según diversas fuentes, están por arriba de los 4.000 millones de dólares por año.

Jimena Costa por su parte reviso las cifras oficiales del endeudamiento e indico que en los 13 años de mandato del MAS; desde Enero de 2006 a Enero de 2019, el Estado Plurinacional contrató 184 préstamos y créditos de financiamiento externo por más de 13.000 millones de dólares.
El Gobierno Plurinacional al contar con esta gran abundancia de recursos monetarios abandono el rol regulador que corresponde al Estado y entro de lleno a gastar; a repartir bonos y prebendas y a realizar actividades empresariales directas en infraestructura caminera y proyectos industriales mal concebidos, sobredimensionados, sobrevaluados y deficitarios y envueltos en una galopante corrupción. Esto ha significado además de déficits comerciales y fiscales, un acelerado endeudamiento que se fue agravando en los últimos años y con deudas que pronto hay que pagar. Esto, más la actual caída de los ingresos por el gas y minerales nos creara una situación difícil de manejar en el próximo futuro.

La situación está llegando a los límites de la convivencia internacional, pues estos países populistas se constituyen en un peligro y una rémora para las demás naciones, por lo que éstas ya empiezan a actuar firmemente para frenarlos. Lo vemos por ahora y dramáticamente en Venezuela uno de los países más ricos y que ahora gracias al populismo, millones de sus ciudadanos huyen del hambre y la enfermedad buscando tras largas peripecias soluciones en otros países, pero sin ningún éxito.

Este trágico proceso venezolano tiene que enseñarnos y orientarnos sobre lo que tenemos que hacer en nuestro país, pues estamos infectados del mismo virus castro chavista MAS cepa cocalera y aunque cada país tiene contextura y defensas características, eso no quita que la enfermedad será la misma y el camino para la recuperación será parecido, por lo que la tarea es buscar con apoyo internacional las soluciones oportunas, cambiando de modelo y de base productiva y trabajando para reconstruir el país.

Y lo más preocupante es que la sola caída del gobierno populista cocalero no terminara con los problemas del país, después viene la ardua tarea de reconstruir la institucionalidad, la economía, sofocar las bandas y carteles de narcotraficantes y grupos armados irregulares locales que estan en Venezuela al servicio de la dictadura chavista: colectivos y movimientos sociales, los que a la caída del régimen vendrán para continuar aquí sus negocios delincuenciales.

La respuesta nos la da Mateo 7: “Por sus frutos los reconoceréis. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado al fuego”.

ovidioroca.wordpress.com

 

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CAMBIAR DE PARADIGMA O DESBARATARSE COMO VENEZUELA

Ovidio Roca

El paradigma, el modelo populista castrochavista que aquejó nuestro continente está en franca retirada; un discurso demagógico que encandila a las masas y desconoce el necesario y responsable esfuerzo individual para manejar su destino; un modelo fallido que ha dejado en la miseria a los pueblos que lo aplican y que ha promovido el exilio masivo de cubanos, venezolanos y nicaragüenses.

La Bolivia populista cocalera mantiene tiene una estructura económica y productiva agropecuaria y primaria exportadora especialmente de gas y minerales y con una cada vez MAS fuerte dependencia de actividades informales: el contrabando, el cuentapropismo y la producción de cocaína y otras drogas; actividades que son operadas por grupos corporativos y carteles locales e internacionales de contrabandistas, narcotraficantes y terroristas.

A diferencia de otros países Bolivia por su actividad como tradicional productor de coca y de masivo contrabando ha establecido como norma la venta libre de los dólares en la calle, por lo que la presión sobre el banco central para adquirirlos es mínima y esto sustenta la actual sobrevaluación del peso boliviano que castiga y desincentiva la producción nacional y las exportaciones, mientras estimula el contrabando y las importaciones ilegales. Enfrentados a esta realidad los productores del campo y la ciudad, vapuleados por el modelo populista abandonan sus actividades productivas: la industria, la agricultura, las artesanías y se dedican al narcotráfico y el contrabando, mucho más rentable. Una realidad que desmiente el discurso sobre el desarrollo productivo y la soberanía alimentaria del gobierno, pues los mercados están llenos de alimentos peruanos y plásticos chinos.

El país tiene instituciones frágiles, inseguridad jurídica y una masiva burocracia gubernamental ineficiente y corrupta; un fuerte estatismo reflejado en empresas estatales ineficientes y deficitarias y un agresivo sistema corporativista que maneja la economía informal, basado en la coca, el narcotráfico, el contrabando y el cuentapropismo de baja calificación técnica. Este es un modelo que entrará en aguda crisis cuando los países vecinos decidan verdaderamente frenar el circuito de la cocaína. Y algo aún más preocupante; varios analistas señalan que la caída del régimen venezolano impulsara a los carteles y grupos del narcotráfico y narcoguerrilleros de las FARC y ELN que pululan en ese país a migrar hacia nuevos espacios de trabajo y uno de estos es nuestro país.

El populismo es un modelo que ha mostrado su fracaso y que nos enseña que el país no debe seguir siendo monoproductor-extractivista-estatista y cocalero, pues con esto no tendremos futuro alguno; en consecuencia, si queremos construir una sociedad democrática y prospera la tarea urgente es cambiar la receta económica populista cocalera dejando de lado el extractivismo que funciona explotando las materias primas, el gas y los minerales para venderlas al exterior, por lo que su éxito y fracaso depende de los precios del mercado internacional.

Está comprobado que el progreso sostenible material y moral de los pueblos dependen de tener libertad individual y propiedad privada, responsabilidad personal, libre pensamiento y libre mercado; que son los elementos esenciales del liberalismo, por lo que una tarea urgente si queremos construir una sociedad democrática y prospera es dedicar grandes esfuerzos para reeducar a la sociedad para ser responsable de su vida, respetar al prójimo y al ecosistema del cual somos parte indisoluble.

Debemos ocuparnos y trabajar para tener instituciones sólidas y seguridad jurídica e ingresar a una economía de propiedad privada, de libre empresa, de libre mercado competitivo; una economía diversificada y con gran contenido de innovación e incorporando a Bolivia a la diversificación económica, la transformación digital y las tecnologías de punta. Necesitamos promover la producción con valor agregado y de alta innovación y ajustar nuestra economía monetaria evitando sobrevaluación del peso que promueve la importación y castiga las exportaciones. Esta tarea requerirá de ingentes esfuerzos pero es la manera de recuperar el rumbo del país hacia la democracia, el progreso y el desarrollo sostenible.

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COMENTARIO SOBRE EL MODELO DE ESTADO POPULISTA Y CENTRALISTA Y DE REPUBLICA FEDERAL Y DEMOCRATICA

Ovidio Roca

El populismo es una receta que ilusiona a la gente y se vende muy bien; se la ha probado con muchas variantes y con diferentes aliños y al final siempre resulto ser un veneno amargo; será un problema de masoquismo o de malos gustos?. En cada país y como producto de su proceso social y político, el populismo adquiere sus propios matices y sabores, pero en lo esencial mantiene su discurso demagógico y orientado a endulzar los oídos del pueblo con ambiciosas promesas de imposible realización.

Los populistas, demagógicamente, se proclaman firmes defensores de los pobres, de los indígenas, del medio ambiente y la madre tierra y eligen como su necesario enemigo externo al imperialismo gringo, pero no al chino más nefasto y depredador. Mantienen como sus enemigos internos a los que llaman neoliberales y capitalistas, vale decir a sus opositores, que son los responsables y no el gobierno, del malestar económico, social y político que experimenta el pueblo.

En su práctica gubernamental usan el Estado como su botín privado y hacen todo lo contrario de lo prometido en su discurso: Desconociendo su  obligación de “preservar el medio ambiente” el gobierno masista autorizo la explotación de la Amazonia por grupos de los llamados cooperativistas, quienes en asociación con mafias chinas explotan las cuencas de los ríos amazónicos con grandes barcazas y usando masivamente el mercurio con el que envenenan y destruyen el ecosistema. Estas cooperativas mineras truchas y sus socios chinos, han hecho aprobar leyes que le dan el derecho de explotar recursos naturales en áreas fiscales y protegidas, territorios indígenas, reservas naturales y donde se les viene en gana y prácticamente exentas de impuestos y del cuidado del medio ambiente. Datos oficiales indican que las mafias auríferas, durante el año 2017, pagaron por concepto de regalías alrededor de 35 millones de dólares y declararon un total de 1.500 millones de dólares por exportación del metal amarillo; probablemente el doble.

En cuanto a los indígenas y por denuncia de éstos la ONU instó al Gobierno “indígena” de Evo Morales a “respetar los derechos fundamentales de los pueblos indígenas” para que éstos ejerzan “sus derechos de acuerdo con los estándares internacionales sobre derechos humanos”.

El modelo de los  gobiernos populistas es básicamente centralista, estatista, de extractivismo, de coca y corrupción, con lo que se convierten rápidamente en Narco Estados cayendo en el lucrativo negocio de las drogas, las que rápidamente se convierte en el motor de sus economías.

Como la norma populista cocalera es “meterle nomas”, el Gobierno actúa sin respetar ninguna norma legal, social o ambiental, generando con ello una total inseguridad para los ciudadanos y para las inversiones y como consecuencia la economía formal colapsa y la población para sobrevivir actúa de la misma forma generando una permanente movilización, donde cada gremio y sector defiende con bloqueos y en las calles sus intereses particulares, no siempre lícitos.

Hasta ahora los masistas han disfrutado de una jornada larga y abundante en dólares  del gas y la coca, corrupción y borrachera de poder, ahora ya empieza el Ch’akhi, la resaca, los dolores de tripas y de cabeza y cada vez con menos plata, menos compinches albanicos y más rechazo internacional y de los propios ciudadanos bolivianos.

Para recuperar la democracia y desarrollar la economía del país, se hace urgente cambiar de modelo y aplicar aquel que han demostrado ser exitoso, como el de la República Federal y Democrática con políticas que garanticen el estado de derecho y la propiedad privada e  impulsen y faciliten la libre competencia y la generación de riqueza sostenible, lo que no se logra con más dirigismo estatal sino liberando la economía e imponiendo y acatando leyes justas. Solo en este ambiente los emprendedores y empresarios se orientarán por factores económicos y competitivos, dedicándose a producir más y mejor en vez de estar supeditados a los planes de los burócratas y pidiendo al Gobierno beneficios y ventajas exclusivas.

La Republica Federal y Democrática debe promover un crecimiento inclusivo y atender la exigencia legítima de protección y seguridad de sus ciudadanos; reafirmar la identidad y cultura nacional y la soberanía medioambiental, económica, comercial, fiscal y avanzar con la revolución del conocimiento hacia la transformación digital y con tecnologías de punta; todo esto aplicado a nuestra producción agrícola, forestal, minera, hidrocarburífera, industrial y de servicios, bajo el modelo de desarrollo sostenible.

En resumen, un buen modelo de economía y sociedad es el que produce bienestar y seguridad para la población, por tanto de lo que se trata es de aplicar una receta alternativa al populismo; la que es bastante simple pero que requiere de voluntad firme, honestidad, democracia, libre mercado, seguridad jurídica, propiedad privada, eficiencia, trabajo y responsabilidad para lograr trabajos productivos en actividades legales y con seguridad social. Lo contrario es continuar con lo de siempre totalitarismo y sumisión, con pobreza e ignorancia y luego después del fracaso, correr desesperadamente hacia el paraíso capitalista, hacia la frontera gringa, rogando que nos dejen entrar.

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USOS Y COSTUMBRES, DERECHOS HUMANOS Y DERECHOS CIUDADANOS

Ovidio Roca

El derecho humano es un derecho fundamental con el cual todos nacemos, independientemente de que la Constitución o la Ley del Estado los reconozca y como todo derecho implica una obligación y una responsabilidad personal. Los derechos ciudadanos están recogidos en las Leyes de los Estados y su ejercicio nos permite vivir armónicamente y en convivencia democrática.

En democracia se trata de vivir todos en armonía con el que piensa distinto, tiene distinto idioma, cultura, raza, religión y sin que los derechos de uno se sobrepongan a los derechos de los demás.

Actualmente se invoca los Derechos Humanos como una moda y se lo exige para cualquier actividad; por ejemplo, los Q’ara Ll’unkus del masismo dicen: “El derecho humano del Evo es ser Presidente Vitalicio”.

En una sociedad civilizada, nos dice el historiador británico Edward Hallett Carr: “Cualquier declaración de derechos que no comporta igualmente una declaración de las obligaciones correspondientes, no puede tener un significado real”. 

El jurista belga J. Hasaert profundiza más: “Los juristas saben bien que las leyes son impotentes sin las costumbres […]. En resumen, lo esencial no es la ley sino el comportamiento común, del que aquélla no es más que el adminículo […]. El buscar fórmulas en lugar de educar a las personas no es más que prepararse para nuevas decepciones: el espíritu de buena vecindad sustituiría mucho mejor a las más elocuentes declaraciones del mundo, y propagarlo es más asunto del educador que del hombre de leyes ». 

 El fracaso económico y social en los países populistas y dictatoriales que desconocen todo tipo de derecho, excepto su “derecho humano” de gobernar indefinidamente, está generando el éxodo de sus ciudadanos que miserables y desesperados migran hacia países democráticos más prósperos y seguros, los que por supuesto no son Cuba o Nicaragua.

Este proceso migratorio que ha tomado un matiz mediático, está promoviendo la discusión sobre los derechos de los migrantes y algunos argumentan que migrar es un derecho humano. Entiendo que los migrantes como toda persona tienen derechos humanos, pero migrar no es un derecho humano. Creo sin embargo que en estos casos de éxodo y migración forzosa debe primar la responsabilidad y la solidaridad con nuestro prójimo y en esta situación de crisis social y política, el papel efectivo y practico de los países democráticos, de las instituciones internacionales y los lideres, es atacar los orígenes del problema que son la inviabilidad económica y social de los gobiernos populistas que solo funcionan bajo dictaduras y no los efectos de este modelo castrochavista: el hambre, la inseguridad y la migración ilegal y forzada de millones de personas hacia el paraíso capitalista. Por tanto es preciso colaborar con estos ciudadanos para expulsar a sus dictaduras gobernantes e inmediatamente establecer programas de apoyo para reconstruir esos países, con planes de asistencia técnica y financiera, de organización, educación, tecnología, producción alimentaria, salud, etc.

En este mundo de la irresponsabilidad maravillosa, algunos gobiernos populistas reclaman como derecho humano el gobernar por siempre pues se creen los únicos capaces y destinados para hacerlo. El Presidente del Estado Plurinacional cocalero cuestionado por su pueblo, además de su derecho humano de gobernar indefinidamente señaló que el pedir su inhabilitación de las próximas elecciones para un cuarto mandato es como pedir que se excluya al mejor jugador de un equipo de fútbol: “Es como que Argentina pida que hay que sacar a Messi, o Portugal pida que hay que sacar a Cristiano Ronaldo”. Ego sum qui sum

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RUMBO HACIA EL BIENESTAR CIUDADANO O LA CATÁSTROFE, NUESTRA ELECCIÓN, NUESTRA DECISIÓN.

Ovidio Roca

Los pueblos para avanzar y construir su futuro tienen dos rutas principales; la del Socialismo y Populismo que postulan en nuestro Continente, Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia o la de la Democracia liberal que transitan entre otros países, Uruguay, Chile, Colombia, Perú y que ahora emprenderá Brasil. Si queremos informarnos  de los resultados en la economía y bienestar de los pueblos como producto de aplicar cada uno de estos modelos, podemos revisar los datos estadísticos de las agencias internacionales sobre libertad, democracia, economía, educación, salud y pobreza para cada uno de los países.

 

En cada país el populismo tiene sus peculiaridades, el Populismo Cocalero Masista, está caracterizado por el autoritarismo tipo sindical, el anticapitalismo y socialismo discursivo,  el uso del racismo, el corporativismo,  la manipulación de las masas, la demagogia y el doble discurso, el clientelismo y asistencialismo, el centralismo y estatismo, el crecimiento exponencial del empleo burocrático, la corrupción desmedida y la convicción de que el imperialismo yanqui es el responsable absoluto de todos los males del país, habidos y por haber.

 

Sin necesidad de leer veinte mil libros, simplemente repasando por Internet las noticias de cada día podemos constatar el fracaso económico y social de los países populistas y como resultado de ello el incremento de las masas de migrantes que angustiados escapan de los paraísos socialistas. Son miles ciudadanos que huyen de Centroamérica, Cuba, Venezuela, Nicaragua y que corren desesperados hacia el Imperio Yanqui capitalista, con lo que ahora son ya millones los expatriados y cada día que pasa aumentan.

Hace trece años que en nuestro país sufrimos, adolecemos, de un gobierno populista y dictatorial, que controla absolutamente todos los poderes del Estado poniéndolos a su exclusiva disposición y usando discrecionalmente las instituciones y las leyes para avasallar y castigar a los opositores. Una de éstas instituciones, el Poder Judicial con su comportamiento corrupto nos induce a descreer en la justicia y las leyes, y en cuanto al resto de las instituciones sabemos que solo están para cuidar los intereses de poder y dominio del Gobierno Central.

Últimamente inventaron y legislaron que es “un derecho humano” del dictador perpetuarse en el poder y que el ciudadano no tiene derecho de vivir en libertad y elegir periódicamente al gobernante que considera más idóneo. Las instituciones internacionales responsables de precautelar los derechos humanos y que deberían haber actuado de oficio desconociendo este fraude, esta falacia, no dijeron ni pio.

En estos años de gobierno populista y cocalero, además de la economía formal y productiva, se ha destruido el pensamiento libre, corrompido la institucionalidad y a los funcionarios públicos y especialmente a los del poder judicial, por lo que grupos sociales originarios y populares desconfiando de todo y de todos han retornado a la llamada justicia comunitaria, mediante la cual torturan, queman, linchan y asesinan públicamente a presuntos o reales delincuentes. Las turbas afines al gobierno tienen licencia para matar y actuan impunemente.

 

La receta estatista y dirigista, aplicada diligentemente por el masismo cocalero, ha destruido la economía y la democracia boliviana y ha impedido a la nación avanzar hacia una ciudadanía responsable, al haberse generado un ambiente que ahuyenta a los inversionistas nacionales y extranjeros mientras favorece y promueve la informalidad y la corrupción. Recordemos que el progreso material y moral en las sociedades exitosas, están relacionadas con la libertad, la propiedad privada y el libre mercado, que son los elementos esenciales del capitalismo y la democracia liberal.

 

Este tipo de regímenes populistas son absolutamente destructivos y lo que no destruyen lo corrompen y lo hacen con gran angurria e ineptitud y como les gusta la corrupción, la coca y sus derivados, se amarran al poder por lo que la vaina está para largo y bastante complicada.

El problema es que gran parte de nuestra población, que subsiste en una economía primaria y atrasada, se acomodó a la informalidad y a la cultura populista y tiene miedo al cambio, además de que el recuerdo de los mejores tiempos del gas abundante y la coca libre (que ya concluyen) pesan fuertemente y como dice el dicho: prefieren lo viejo conocido a lo nuevo por conocer, pues además es más favorable a su forma de hacer negocios y a su nivel de competitividad laboral.

 

En las próximas elecciones Si queremos apostar al progreso nacional y cambiar el modelo económico y político fallido del populismo cocalero, debemos apoyar al candidato que postule la democracia liberal y cuente con el mayor apoyo ciudadano. Un apoyo que como contraparte exige el compromiso de armar un equipo de gobierno con los mejores hombres y mujeres del país y una selección meritocrática para todos los cargos públicos; lo que permitirá en la difícil coyuntura que se avecina conducir con responsabilidad y profesionalismo el país y sus habitantes hacia el bienestar y la libertad, pues si nos equivocamos solo nos resta correr desesperadamente hacia el paraíso gringo, como lo hacen ahora los centroamericanos suplicando que los dejen entrar.

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