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LA GENERACION ACTUAL Y EL POPULISMO COCALERO

Ovidio Roca

En el 2006, el MAS inicio su gestión de gobierno aplicando una receta socialista, populista y estatista que llamó Proceso de Cambio. Una receta que lleva invariablemente al mismo puchero (lloriqueo): destrucción de la libertad ciudadana, de la institucionalidad, de la economía, la ética y la cultura de vida de los ciudadanos.

El Proceso aplica el Capitalismo de Estado y se orienta hacia el  extractivismo de productos naturales y minerales, bajo la creencia populista de que la riqueza es un producto que se extrae, que se explota y no una creación de la cultura, de la innovación y el trabajo humano.

Se crea una enorme burocracia de partido y como consecuencia se dispara el gasto público y los subsidios. Las instituciones se agrandan, engordan y pierden en calidad, eficiencia institucional y honestidad de los funcionarios.

Cada día se fabrican miles de leyes y reglamentos que sirven para que la burocracia ya sea judicial, policial o administrativa se enriquezca, atemorizando y extorsionado al ciudadano y como consecuencia crece la informalidad, el contrabando y así la carga impositiva solo recae sobre unas pocas empresas formales que penosamente subsisten.

Los escasos opositores que logran acceder al control democrático de alguna institución pública son continuamente boicoteados  y desestabilizados, hasta que logran defenestrarlos, encarcelarlos o exiliarlos. Esta práctica genera una situación de precariedad, debilidad, inseguridad e inestabilidad de las instituciones.

Esto es lo que se llama Proceso de Cambio (pero no para mejor), que modela en la población una cultura de anarquía, huelgas, bloqueos, destrucción de la institucionalidad y sobre todo entroniza la desconfianza.

Como resultado el pueblo no confía en las autoridades ni en las instituciones y lo hacen con razón, pues saben que éstas solo responden al dinero y las órdenes del poder y esto conduce finalmente a una total ausencia de confianza en las leyes, normas e instituciones.

La población formada en este ambiente no respeta las normas ni a las personas, ahora diariamente pululan grupos de agitadores que no argumentan ni justifican sus demandas; solo exigen y su único argumento, su razón, es la fuerza.

Cuando el Gobierno tomo el poder el año 2006, coincidió con una época de buenos ingresos nacionales (por los altos precios del gas y los minerales) por lo que de inmediato entra en una borrachera de gastos y corrupción. No se piensa en el futuro y pese a que le aconsejaron la creación de Fondos de Ahorro e Inversión (como los Fondos Soberanos que manejan varios países europeos) siguiendo la lógica de ahorrar en “época de vacas gordas”. Recordemos que esto es lo que aconsejo José al Faraón de Egipto, un consejo que no le dio el Licenciado al Faraón Chapareño.

El Gobierno populista es centralista, se apropia de alrededor del setenta por ciento de los recursos del país y mantiene bajo su control a todas las instituciones de Estado. A nivel local los grupos corporativos con aval del Gobierno hacen exactamente lo mismo y se enquistan en las instituciones y las manejan para su provecho. Utilizando los recursos recibidos por el gas, más los del gran endeudamiento, realizaron malas y corruptas inversiones para gusto del Jefazo y ganancias y comisiones para sus seguidores: coliseos, canchas de fútbol, museos, palacios, aviones, helicópteros, son juguetes para solaz del Faraón Chapareño.

El MAS viene adoctrinando a la población diciéndoles que el Estado es el principal proveedor y el Faraón andino el único distribuidor de dadivas y castigos y que la forma de conseguirlo es con su adoración y apoyo abyecto; o en la versión Chapareña, con el reclamo movilizado pues el que no llora no mama. Una práctica en total contraposición con lo que se entiende como función de un Estado Democrático, cual es garantizar el pacto social y contribuir al bienestar, la paz y seguridad ciudadana.

No logran entender y tampoco les interesa saber, que con los inmensos recursos a su disposición en estos trece años, tuvieron la oportunidad de transformar la economía prevaleciente; primaria, extractivista y volcada a las materias primas, hacia  una economía diversificada, de modernas tecnologías y de prácticas ambientales sostenibles. Tampoco entienden, y esto por ser contrario a su visión ideológica, la importancia de tener un Estado mínimo, regulador y un sistema de mercado que asigna los recursos; modelo que llevó a los países del norte de Europa a alcanzar para sus ciudadanos, uno de los más altos niveles de bienestar y progreso.

Ahora que viene la época de las vacas flacas y de pagar las deudas, la difícil tarea que corresponderá realizar al próximo Gobierno es bajar el gasto público, mantener la disciplina fiscal y monetaria, reestructurar el Estado, disminuir la cantidad y  mejorar la calidad de los funcionarios públicos y aplicar un sistema tributario que no castigue al contribuyente. El objetivo es que la economía gane en competitividad; evitar que se deprecie la moneda y que los salarios reales crezcan por esa mayor productividad de la economía. Esto demanda creatividad y esfuerzo y a la larga construye economía sostenible y bienestar ciudadano.

Por la experiencia vivida sabemos que el pueblo de mentalidad populista, se opondrá a esta receta de trabajo y responsabilidad y lo hará “hasta las últimas consecuencias”, como lo vemos hoy en la Argentina. Un dato preocupante sobre la enfermedad populista y la estupidez humana, lo vemos en Venezuela un país que sufre una de las peores miseria y crisis social, y cuando la gente es consultada en un setenta por ciento dice que el Estado debe manejar la economía y las Empresas públicas.

Sin embargo no todo está perdido, frente el vacío y la inconsistencia de una oposición que aparentemente claudicó en la lucha contra el populismo, la autocracia y la impostura, surge una nueva generación; jóvenes que usando las nuevas tecnologías de información y comunicación están conformado las plataformas ciudadanas, unos nuevos espacios democráticos y de participación en las que hablando de una forma clara y valiente le dicen al gobierno, que Bolivia dijo No, que están violando la Constitución y los principios democráticos. Ellos son persistentes, creativos y con un nuevo lenguaje han conseguido la sintonía con los sentimientos de la población. Ahora corresponde pasar de la denuncia y la protesta hacia la propuesta y la consolidación de una alternativa de conducción del país.

 “Yo soy un masista, un politiquero de doble discurso, hablo del proceso, proceso de cambio, pero no cambia nada. Antiimperialista, pero vende patria, no hay nadie como yo”. Canción del folklore plurinacional.

ovidioroca.wordpress.com

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PLAN DE GOBIERNO POST MASISTA

Ovidio Roca

DE LA BARBARIE Y EL TOTALITARISMO A LA DEMOCRACIA

Cansados de vivir al día, en permanente pugna y a salto de mata, las personas convinieron muchos años ha, en constituir un mecanismo que establezca las reglas de convivencia y las haga cumplir, generando con esto un ambiente de seguridad y confianza.

Luego se pensó en un sistema ideal de bienestar para la ciudadanía el que se basa y requiere de un Gobierno e instituciones democráticas, sólidas, estables y transparentes, de una práctica cotidiana de cumplimiento de la ley, donde todos asumimos nuestras obligaciones como base de nuestros derechos. Donde existe gobernabilidad y estabilidad política y económica, seguridad jurídica y física para todos los ciudadanos sin distinción; leyes justas y jueces probos; en un marco de democracia representativa, propiedad privada, economía de mercado y equidad social; requisitos indispensables para construir una sociedad moderna, solidaria y progresista.

Esta es una utopía que requiere de ciudadanos responsables que tienen principios éticos e ideología política democrática y como pobladores de cada región son producto de una particular historia y cultura que les da una identidad y una forma particular de ser y relacionase entre sí y con sus vecinos

LA DISTOPÌA DEL POPULISMO COCALERO

En la actualidad y si miramos a nuestro alrededor podemos percibir un fuerte retroceso, una distopía masista, donde la gente desconfía absolutamente de todo y de todos: de la justicia plurinacional con jueces y fiscales designados por el gobierno para que defienda sus intereses; con un defensor del pueblo que solo defiende al gobierno; jueces que solo sancionan a los opositores; policías que trabajan extorsionando a la población y reprimen por órdenes del gobierno.
Como producto de esto vivimos en permanente anarquía y desorden, pues al no existir confianza la gente se organiza en gavillas, en grupos para defender sus intereses a costa de cualquier cosa y pese a quien pese.

Si queremos construir un país viable y vivible en el concierto de la Democracia, hace falta que la ciudadanía asuma su responsabilidad y se prepare para retornar al Estado de Derecho y la Democracia y esto respetando la historia e identidad étnica y cultural de cada pueblo.

Un Plan de gobierno explicita la ideología, valores ciudadanos, propuestas y planes de acción política a ejecutar por los partidos políticos desde el gobierno. Es importante que estos planes muestren con claridad la ideología y los modelos económicos y sistemas de gestión social, científico-tecnológico, político, cultural, moral, religioso, medioambiental y otros relacionados al bien común. Esto para la verificación del ciudadano, pues existen en el mundo experiencias de modelos y recetas económicas e ideológicas que de inicio enamoraron a la población y luego los condujeron a la más absoluta miseria.

Actualmente en el mundo predominan dos tipos de ideologías; las colectivistas y estatistas que pretenden conseguir más fuerza para el Estado y las liberales que pretenden lo propio con la sociedad civil, y es fácil ver el resultado de la primera en la Ex Unión Soviética, Cuba, Corea del Norte, Venezuela y pronto en Bolivia.

NOTAS UTOPICAS PERO REALIZABLES PARA UN PLAN DE GOBIERNO

Hace poco leí de esa iniciativa de La Fundación Vicente Pazos Kanki, que diseñará un plan de gobierno para la etapa del “post evismo” a través de eventos nacionales y un concurso de ideas destinado a los jóvenes de todo el país. Esto es importante pues finalmente el futuro es de los jóvenes y ellos que lo van a vivir deben contribuir a diseñarlo y construirlo.

Desde ahora, los partidos políticos y los grupos ciudadanos y cívicos, los profesionales, deberían empezar a trabajar en el diseño de un Plan de Gobierno, un Plan para todos los bolivianos. Un Plan consensuado entre todos los sectores democráticos, políticos, económicos y sociales. Un Plan que se comprometen ejecutar fielmente una vez en el Gobierno, con honestidad, trabajo profesional, responsabilidad y eficiencia.

Un Plan de Gobierno que apunte a la reconstrucción del país, de su economía, de su capacidad productiva, busque la reconciliación nacional, la recuperación de la democracia, la libertad, la institucionalidad y la justicia.

Un Plan que debe aterrizar en lo local, donde viven las personas concretas con sus problemas y sus aspiraciones de progreso y bienestar. Un Plan para que la gente sepa quiénes somos y hacia dónde vamos

Un Plan que explique y programe los objetivos a lograr y las acciones a realizar. Un Plan que otorgue a los Departamentos y Municipios Autónomos y luego Federales, las competencias y responsabilidades para construir su futuro.

Para la ejecución del Plan se debe consultar a la ciudadanía y especialmente a los jóvenes y buscar a las personas más honestas y más meritorias, para que lo implementen y con ellos presentar una lista electoral, un Frente Democrático Unitario, que enfrente al totalitarismo y a la debacle económica y moral a la que nos conduce el MAS.

Nuestro reto es construir un nuevo país partiendo desde cada uno de los Departamentos y regiones de Bolivia, buscando la unidad en la diversidad, desde las provincias y municipios y desde sus particulares visiones culturales; utilizando las grandes potencialidades, recursos y proyectos y esas extensas redes sociales y económicas que interconectan regiones y países.

En el diseño del Plan de Gobierno debamos considerar que en la actualidad vivimos en un mundo tecnológico que se reinventa rápidamente y en el cual los pueblos atrasados económica y culturalmente se sienten inseguros y excluidos. Por tanto necesitamos educar y promover el espíritu emprendedor de los trabajadores,  innovadores y empresarios e impulsar una verdadera diversificación industrial, que deje atrás la peligrosa dependencia de los recursos naturales.

Otro aspecto importante es la aplicación del principio de subsidiariedad, que significa que las decisiones se toman y se resuelven en el lugar más cercano a los hechos. Esto implica legislación local y ejecución local. Construir un país desde lo local y hacia arriba y aquí viene el desafío del Federalismo.

Lo deseable es un Estado no ampuloso, más bien reducido, que cumpla estos roles y promueva la Educación, la vinculación del país consigo mismo y con el mundo, un sistema de comunicación fluido y una gestión que establezca un ambiente favorable para el trabajo y  la actividad productiva, sin inmiscuirse como actor productivo y empresarial, pues eso compete a los privados.

En buenos términos lo que se pretende es que con ayuda del Estado se conforme una sociedad de Confianza, con seguridad jurídica, seguridad física, sociedad de cultura y de trabajo fecundo y un Gobierno eficaz y honesto a quien se encomienda cuidar de nuestra seguridad y nuestro futuro.

Nota, Visitar en  ovidioroca.wordpress.com

Desarrollo sostenible: una propuesta

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AUTONOMÍA SE HACE AL ANDAR

Ovidio Roca

El saber popular acuña frases tales como: del dicho al hecho, del discurso a la acción y en esta misma línea de expresión, hace un tiempo en Santa Cruz se decía: “Autonomía se hace al andar” y con esto se quería expresar que no podemos quedarnos en la pura charla y que las autonomías Municipales y Departamentales son parte de un proceso de largo aliento para la construcción política e institucional de unas Autonomías Departamentales en camino hacia el Federalismo.

En esto debemos ser honestos, coherentes y actuar en consecuencia, pues muchas autoridades locales han venido emborrachando la perdiz y pasan su tiempo haciendo discursos autonómicos reclamando más competencias, pero no cumplen ni de lejos con las que tienen. Lo correcto es ejercerlas en su integridad  y como resultado de esta práctica y mejores resultados, trabajar para  ampliarlas.

Si se hubiera querido avanzar en el proceso autonómico, se tendría que haber empezado por ejercer las 36 competencias exclusivas que otorga a los Departamentos el artículo 300 de la Constitución y que a la Ley Marco de Autonomías faculta sin condiciones.

Las deformaciones de la estructura económica y social, bajo el modelo estatista, populista y cocalero, explican no solo el comportamiento acomodaticio de las clases empresariales del país sino también, por ejemplo, el actual desplazamiento del proletariado minero de la conducción política y sindical de la COB en favor de los grupos cocaleros y comerciantes quienes pertenecen a la actividad económica más rentable y activa del país: productores de coca, pasta base, cocaína, actividad ilegal que representa el vínculo más activo de Bolivia con el mundo. Esto coincide con lo que señalaba Marx: “es el ser social el que determina la conciencia, no la conciencia la que determina el ser social”.

Se acusa a los líderes empresariales cruceños de que se interesan más por sus negocios que por la autonomía y esto se explica porque la economía está controlada y condicionada por las decisiones políticas del gobierno centralista, que acosa al sector empresarial privado mientras privilegia un modelo doble de economía: uno centralista y estatista para beneficio del grupo palaciego y otro de economía informal para los sectores y movimientos sociales y corporativos que sustentan al gobierno mientras viven de todo tipo de negocios informales e ilegales. No olvidemos que la base productiva condiciona lo político e institucional y cuando se tenga seguridad jurídica, la inversión y el desarrollo empresarial será más eficiente y acelerado.

Una sociedad natural tiene diversas clases sociales posicionadas según sus capacidades y oportunidades, pero que deciden trabajar juntas al servicio del bien común. Los políticos y para hacer honor a su función como representantes del pueblo, no pueden estar al servicio de ninguna clase o sector determinado sino del bien común.

El discurso demagógico de los socialistas y populistas plantea una sociedad sin clases, aunque en realidad es una sociedad de solo dos clases: la cúpula dominante por encima de todo y de todos y el resto.

Se dice que la política es el arte de lo posible y ahora que Santa Cruz  cuenta con un Estatuto Autonómico, aunque recortado y limitado, hay que usarlo al máximo asumiendo plenamente todas las competencias que se nos permiten, buscando potenciar al Departamento y su economía.

Lo que vale y corresponde es que los ciudadanos y sus líderes se dediquen a potenciar la región, construir y avanzar en lo político, institucional, productivo y económico y eso se logra con acciones prácticas, educando, industrializando, produciendo mejor, preservando nuestro ecosistema, asegurando así un mejor futuro para nuestros hijos y lo importante es no perder el rumbo y avanzar de frente hacia el Federalismo y la reducción del Estado centralista.

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SUBSIDIARIEDAD Y FEDERALISMO CONTRA EL CACIQUISMO Y CENTRALISMO

Ovidio Roca

Aristóteles en su libro “La Política” describe la ciudad, la polis, como una comunidad de comunidades y afirma que solo en el marco de estructuras como la familia, la casa, la aldea y de su mediación cultural, puede el hombre llegar al pleno despliegue de esas sus capacidades sociales que lo distinguen de los demás seres vivientes. El filósofo griego afirmaba que lo mejor para la polis es la diversidad entre sus ciudadanos y no su homogeneidad.

En estos escritos Aristóteles avanza sobre lo que llamamos actualmente el Principio de Subsidiariedad o de Competencia Suficiente, que en su definición más amplia, dispone que un asunto debe ser resuelto por la autoridad más próxima al objeto del problema. Se trata por tanto de que los ciudadanos decidan ellos mismos lo que les concierne y no deleguen a los niveles superiores sino las cuestiones que se refieren a finalidades o intereses comunes.

Generalmente en la práctica política y por la permanente angurria de poder de los gobernantes, este principio no se aplica porque los gobiernos centrales tienen una irresistible tendencia a concentrar todos los poderes y a sustituir el principio de competencia suficiente por el de omni competencia, la concentración total del poder en el Gobierno Central.

Donde vemos efectivamente plasmado el principio de subsidiariedad, es en el modelo Federal Democrático, una forma de organización política con un Estado central y distintos entes territoriales autónomos que se relacionan entre si conforme a lo dispuesto en su Constitución Federal. En esta Constitución se establece cómo se distribuyen las competencias entre las distintas instituciones: Estado Nacional, Departamentos, Provincias, Municipios, cada una de ellos disponiendo de su propio Gobierno y su propia Constitución y asimismo de representantes legislativos y tribunales de justicia propios.

En este marco, el reparto de competencias entre el Estado Nacional y los entes territoriales autónomos establece que si una competencia no está detallada en la Constitución Nacional Federal, pertenece a los Departamentos y así sucesivamente. Las competencias nacionales se reducen a la política exterior, la seguridad, la política social y la economía (comercio exterior, mercados de trabajo). Obviamente que existe una interrelación con el poder central, sin embargo en las cuestiones ejecutivas, políticas y judiciales que atañen a sus territorios los estados federales son independientes de la autoridad central para decidir sobre ellos.

En Bolivia y muchos otros países, las Provincias son anteriores al Estado Nacional y estos pueblos provinciales son un producto particular de una larga historia y tradiciones. Son comunidades que tienen sus lenguas, usos, costumbres y fronteras, que deben ser reconocidas y respetadas y son los valores humanos, las creencias, las historias, esperanzas y amores compartidos los que dan sentido a esa su cultura, por tanto es necesario algún grado de autonomía entre los pueblos si queremos preservar la identidad y el ser cultural de cada cual.

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APRENDER DE LOS BUENOS EJEMPLOS Y CAMBIAR LA RECETA POPULISTA

Ovidio Roca

Cuando los gobiernos populistas terminan de desarmar el país, enfrentar entre sí a sus habitantes y sobre todo dilapidar los recursos; eventualmente se ven obligados a salir o son expulsados del poder. Luego es a otros a quien les queda la dura e ingrata tarea de reconstruir el país, la sociedad, la economía y esto implica trabajo y sacrificios que el pueblo cebado de populismo y demagogia no está dispuesto a aceptar.

Aquí empiezan los problemas, especialmente por las diversas visiones de sociedad y de la economía que tienen los grupos poblacionales como producto de su diversa herencia cultural e histórica. Unos pocos de cultura hispano mestiza e influidos de alguna manera con el republicanismo y el liberalismo, aspiran a un Estado democrático con leyes, libertades individuales y propiedad privada; mientras otros que mantienen la cultura tribal, comunitarista, derivada luego en sindical, prefieren un Estado proteccionista, una sociedad comunitaria y un liderazgo vertical y mesiánico.

Es por demás evidente que nuestra economía nacional, estatista, basada en la explotación de recursos naturales, cocalera, informal y contrabandista, no es viable ni en lo económico, ni en el concierto internacional de países que quieren vivir en democracia y con seguridad. Por esto hace falta y de manera urgente, un rediseño de la estructura política económica nacional y el establecimiento de un ambiente de seguridad jurídica y física, para que los innovadores y emprendedores puedan desarrollar sus iniciativas en un esquema de libertad y sana competencia.

Podemos verificar a lo largo y ancho del planeta que las sociedades más libres y exitosas en lo económico y social, son aquellos Estados Democráticos y con economía de mercado. Ellos tienen un Estado mínimo y no proteccionista; la oferta y la demanda regulan la economía y el Estado solo interviene para asegurar el estado de derecho, las libertades individuales, la libre competencia, mantener la estabilidad de los procesos económicos y garantizar a la población el acceso a ciertos bienes y servicios considerados de necesidad absoluta para la dignidad humana.

Por esto y buscando el bienestar de nuestra población en su conjunto, vemos la necesidad de estudiar y aprender del ejemplo de los países exitosos: en su modelo de economía, su democracia, su sistema educativo, su sistema de libertad, asuntos en los cuales las instancias políticas, empresariales y sociales, se deberían comprometer impulsando una amplia tarea educativa y de reeducación de la población.

En lo político, necesitamos plantearnos y concertar una única visión de país y dada la diversidad cultural de la población, conformar un Estado Republicano, Democrático y Federal donde quepan las particularidades culturales de cada uno de nuestros pueblos y regiones, conformados como Estados federales.

En el proceso de transformación económica y productiva de lo que se trata no es dejar de hacer inmediatamente lo que estamos haciendo (agricultura, industria, minería), sino hacerlo de manera distinta y más eficiente, apostando como eje vertebrador en toda la cadena de valor, el conocimiento, la innovación, la preocupación por la sostenibilidad, el medio ambiente, la eficiencia energética y  la sustitución de combustible fósiles; con esto seguramente lograremos cambiar el modelo de producción hacia uno más sostenible.

Se trata de rescatar los principios que sustentan al Estado de Derecho: división de poderes, legalidad, legitimidad y protección de los derechos fundamentales. Todo esto en un marco de solidaridad, aplicando el principio de subsidiariedad y como objetivo el bien común.

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CAMBIA, TODO CAMBIA

Ovidio Roca

Los masistas hablan del proceso de cambio; pero retroceder en la historia y aplicar viejos clichés fracasados cientos de veces, no es cambiar; es repetir los mismos errores de siempre. Para cambiar hacia una mayor calidad de vida se necesitan valores éticos y de convivencia ciudadana, una cultura de innovación y el uso de las nuevas tecnologías del conocimiento y la información para así lograr el bienestar de la población.

La forma de trabajar, de producir, de pensar y de vivir, cambia todos los días; en nuestra historia homínida transitamos desde el descubrimiento del fuego hacia la revolución agraria, a las ciudades y la vida urbana; hacia las manufacturas, el carbón, el motor a vapor y los ferrocarriles. El petróleo, los automóviles y la electricidad; la revolución de la salud, la sanidad, los antibióticos y continuamos hacia la revolución de las comunicaciones y la globalización.

Ahora se habla de que estamos ingresando a la cuarta revolución industrial y a la economía del conocimiento. Revolución que se caracteriza por la fusión de tecnologías, que van borrando las líneas entre las esferas físicas, digitales y biológicas; alguien dijo que somos un algoritmo; espero que no.

Mientras gran parte del mundo está ingresando a esta cuarta revolución industrial, nosotros que no pudimos subirnos sino precariamente a las anteriores tendremos graves problemas para lograrlo, pero no nos queda otra opción, salvo aislarnos, lo que ahora es imposible por la globalización y el internet.

El proceso histórico del desarrollo boliviano, se dio en un ambiente de aislamiento físico y cultural, distante geográfica y culturalmente de las corrientes mundiales del desarrollo, lo que nos marcó y genero visiones y tiempos históricos diferentes al de los otros países.

Es un país con una gran parte de la población con bajo nivel económico y educacional, la misma que para ganarse el sustento se mueve ágilmente, aunque con medios precarios, por todo el país y sus áreas transfronterizas dedicándose al comercio informal y contrabando masivo, colonizando territorios y asentándose donde les es más conveniente para dedicarse a sus negocios y la toma de tierras. Un país poco integrado entre sí y con el resto del mundo y que carece de elites económicas, culturales y empresas competitivas, sólidas y formales.

Un Estado regulador, dirigista, lleno de  normas, procedimientos y tasas de regulación; además de acucioso cobrador de impuestos a los pocos emprendimientos formales que existen en el país y que se utilizan para engordar la creciente burocracia estatal, cuyo objetivo es enriquecerse y recaudar su cuota para pagar a su mandante; por lo que se dedican a extorsionar a los contribuyentes con una abstrusa tramitología, la que para agilizase exige coimas  que alimentan a la insaciable burocracia.

Una población muy trabajadora y sacrificada que a pesar de sus limitaciones de educación y económicas, lucha para ganarse la vida con lo que pueden y en esa informalidad que les permite escapar y alejarse del Estado burocrático, reglamentarita y expoliador. Cuando halla la oportunidad se acerca a los políticos y al Estado, para conseguir algunas prebendas a cambio de un circunstancial apoyo; pero por principio ellos desconocen y adversan a las instituciones estatales, especialmente las de justicia, policías, sistemas impositivos; instituciones éstas que tienen un alto grado de corrupción y prácticas abusivas con la población.

La población conoce las ventajas de la libertad y el libre comercio y se aleja de los controles del Estado; buscando sobrevivir instala en cualquier sitio su pequeño comercio, producción y negocio y algunos lo amplían; así hemos visto surgir esa nueva burguesía informal, orgullosa de sus cholets, que alegran el árido altiplano.

El Estado procura no afectar a los emprendedores informales de origen indígena y para lograr su apoyo y evitar el desempleo, les da amplia libertad para ejercer sus actividades y sin pagar impuestos. Un dirigente cocalero explicaba el resultado de sus negociaciones con su jefe en el Gobierno: “Shempre hemos de seguir sin pagar impuestos”.

La acción punitiva y extorsionadora del gobierno se orienta por tanto, hacia las empresas formales y la clase media a los que considera sus opositores y el coto de caza para su enriquecimiento.

Con el actual ambiente político, cultural y económico se hace inviable la industria moderna, la institucionalidad democrática y el Estado de derecho, por lo que necesitamos replantear el actual modelo político, institucional, económico y de consumo.

Tenemos un solo país y debemos buscar la forma de que nuestra población mejore su calidad de vida, por lo que se necesita un cambio hacia un futuro mejor y compartido y no el retorno al pasado, como es la visión masista.

Se lo ha repetido cientos de veces, aunque no lo asimilamos, que nuestro objetivo debería ser avanzar hacia un desarrollo sostenible, una sociedad global con calidad de vida, población, en equilibrio con el ecosistema, evitando el consumismo y la contaminación. Reducir el tamaño del Estado, lograr su gestión eficiente y eficaz, con transparencia y disminución de las regulaciones y la burocracia; dotar de seguridad jurídica, atraer inversiones y tecnologías limpias, generar oportunidad de empleo formal, desarrollar el mercado interno y procurar nuestra seguridad y soberanía alimentaria.
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BOLIVIA ECONOMIA INFORMAL Y ESTADO BUROCRATICO

Ovidio Roca

La única manera de enfrentar la pobreza, es generar riqueza con inteligencia, producción y empleo.

Bolivia no ha logrado construir una economía diversificada, productiva y sostenible; tiene una economía primaria basada en el gas y los minerales y esto mantiene al país en la pobreza, con un bajo nivel educacional y fuentes de empleo precarias; por lo que la gente para sobrevivir se dedica a toda clase de trabajos informales y de baja calificación, trabajos en los cuales un setenta y cinco por ciento de la población encuentra su supervivencia.

Este atraso económico, cultural y tecnológico, podría explicarse por varias razones, entre ellas por el enclaustramiento y  lejanía de las costas marítimas por las que circulan las corrientes modernizantes del comercio mundial, de las ideas, de la tecnología; pero sobre todo por su persistencia en mantener en lo económico el extractivismo y en lo ideológico la mitología socialista, estatista y populista.

Estudios realizados por entidades internacionales muestran que en Bolivia el 87% de los emprendedores son comerciantes y el 80% de estos tiene formación solo hasta el ciclo primario, un 9% formación universitaria y apenas el 1,5% tiene estudios de postgrado. Igualmente sólo el 0,9% incorpora nueva tecnología y el 0,87% es innovador, aspectos estos que son vitales para los nuevos emprendimientos.

Bolivia tiene una  mayoritaria población campesina de origen indígena y con bajísimo nivel educativo; población que por los impactos climáticos sobre la actividad agropecuaria y la atracción que ejercen las ciudades abandonan el campo. Estos migrantes de la pobreza cuando llegan a las ciudades en procura de alguna forma de subsistencia, no se adecuan al ambiente institucional, chocan culturalmente contra la formalidad jurídica y económica que infructuosamente quieren imponer algunas Gobernaciones y Municipios, instituciones que les son ajenas e incluso hostiles y por tanto se organizan para resistir por la fuerza, pues no creen en la institucionalidad ni las leyes.

Como vemos estamos lejos de estar calificados para ingresar a la economía del conocimiento, que es la que predomina hoy en día y ni los Colegios, Universidades, ni el Estado hacen esfuerzos para reorientar y adecuar a las nuevas realidades el sistema educacional.

 

La población se incorpora a la economía informal porque no tienen otra opción; ellos buscan sobrevivir y necesitan trabajos, actividades que le permitan ganarse el sustento y la informalidad es su única opción, pues para ejercerla no hay exigencias en materia de educación, de calificaciones, de tecnología y ni de capital.

La informalidad es producto del modelo de Estado que impera en el país; que crea un ambiente de inseguridad jurídica, mantiene un constante ataque a la empresa privada formal y aleja la inversión, con lo que no se genera empleos y no deja otra opción para sobrevivir, que la informalidad.

El gobierno del MAS con su proceso de cambio enfatiza la estatización de la economía, lo que condujo a la proliferación empresas estatales, la burocracia, la ineficiencia, la corrupción y quiebra de las mismas; las que para evitar su cierre reciben subsidio estatal y esto será así hasta donde el gas aguante.

Para complicar más las cosas, el Gobierno ataca y penaliza la actividad privada productiva con impuestos, leyes, inseguridad jurídica, así como apreciando el valor del peso boliviano, con lo que las empresas no pueden exportar, pues con un cambio nominal apreciado los productos que importamos son más baratos y los nuestros cuestan más caros en el exterior

Las inversiones estales están más motivadas por conseguir comisiones de las empresas adjudicatarias (modelo Lavajato) y en este camino promueven los grandes “antiproyectos”, en los cuales la burocracia estatal encuentra sus ganancias en los sobreprecios y comisiones y no en la operación. Un ejemplo entre otros muchos, es la planta amoniaco urea de inversión tan grande y absurda que el mejor negocio  sería cerrar la planta y no producir, que hacerlo para perder mucho MAS y por muchos años MAS.

La actividad informal realiza emprendimientos de al menos dos tipos: la delincuencial, narcotráfico y contrabando y la creativa; de pequeños talleres artesanales, pequeñas empresas y canales de comercio a la criolla, de bajo costo y alta competitividad, ferias, pulperías y ventas. El Gobierno para mantener contenta a la población, les permite realizar sus negocios ilegales, siempre que lo apoyen.

En resumen el Estado burocrático que prevalece en Bolivia se constituye en un freno al progreso y al trabajo de los emprendedores bolivianos, que son el bajo desarrollo científico tecnológico. La pregunta por tanto es; cómo pasar de la actividad informal de la que vive la mayoría de la población a otra forma de organización y economía, más sostenible y productiva.

Para superar estas perspectivas se hace necesario impulsar una nueva economía, un tipo diferente de consumo otras formas de trabajo además de la industria tradicional, impulsados por las nuevas tecnologías, la creatividad, la innovación y la libertad de trabajo.

La Escuela de Economía de Londres señala que la cuarta Revolución Industrial (robotización) en los próximos 20 años será responsable de 40% de la producción mundial, lo que implica masivas pérdidas de puestos de trabajo. Por tanto es urgente dar vuelta a la receta que se está aplicando; se necesita cambiar el actual Estado caudillista, dirigista e interventor, por uno que construya un ambiente adecuado para la inversión y la innovación.

Un Estado que otorga seguridad jurídica y crea un ambiente de certidumbre para la innovación, las inversiones, empresas sostenibles, producción y desarrollo y por ende mejorar el nivel de vida de la población y que no dude en aplicar sanciones ejemplarizadoras para frenar la desbocada corrupción y el narcotráfico.

Un Estado que promueva el trabajo coordinado entre los actores económicos y sociales y estimule los negocios y emprendimientos sustentables, con rentabilidad e impacto positivo medioambiental y social; una alianza entre la empresa privada, los trabajadores, el Gobierno y el sector académico para consolidar ecosistemas de apoyo a los emprendedores.

Cambiar hacia un Estado mínimo y eficiente y esto implica: reducir la normatividad a lo estrictamente necesario para una buena convivencia ciudadana, disminuir la burocracia, los Ministerios y las oficinas públicas, reducir paulatinamente entre otras instituciones, el ejército, pues no vamos a iniciar ninguna guerra internacional.

Un ejemplo a considerar es el de Costa Rica donde el 1 de Diciembre de 1948, José Figueres, decretó la abolición del Ejército. Desde esos años, los cuarteles militares se convirtieron en centros educativos y ahora es el país más desarrollado, estable y seguro de Centroamérica. A su vez se dedicaron a potenciar la educación y a profesionalizar y fortalecer la policía.

La meta es avanzar hacia un Estado descentralizado, aplicando el principio de subsidiaridad, de descentralización y conformar un  Estado Democrático Federal.

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