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NOSOTROS Y EL CAMBIO CLIMATICO

Ovidio Roca

La Declaración Universal de Derechos Humanos, actualmente solo protege a quienes escapan de la violencia, de la guerra, pero no del cambio climático, aunque  actualmente el cambio climático es el que más nos afecta y afectará.

El Consejo Noruego para Refugiados, informa que en el 2015, más de 19.2 millones de personas huyeron de desastres ambientales y que esos desastres desplazan entre tres y diez  veces más personas que los conflictos o las guerras en todo el mundo. A su vez la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) pronostica que el año 2050 habrá 200 millones de migrantes ambientales.

De seguir el ecocidio actual, en los próximos años el aumento de la temperatura global se incrementara en 3,1 grados centígrados y para el año 2.100 significara un aumento del nivel del mar de unos 0,73 metros, lo que causara inundaciones en vastas áreas costeras.

A pesar de las informaciones de ambientalistas y científicos, en los últimos tiempos se ha iniciado una campaña para convencer al mundo que no existe el cambio climático y por tanto se puede seguir haciendo negocios emitiendo gases de efecto invernadero, de carbón, de petróleo y continuar contaminado los océanos, depredando los bosques y eliminado la biodiversidad, hasta que solo queden los animales considerados útiles al hombre y grandes productores de metano: vacas, cerdos, gallinas, perros y gatos y esto responde al interés económico de muchos países y empresarios que para promover sus negocios están dispuestos a rifar nuestro futuro; por supuesto si la sociedad se lo permite.

Durante su campaña electoral Trump comentó que el cambio climático es un cuento chino; posteriormente ya electo Presidente del país más poderoso del planeta  y segundo gran contaminador después de china, al ser preguntado si creía que la actividad humana estaba conectada con el cambio climático respondió cantinfleando: “Bueno, Creo que está parcialmente conectada. Hay algo, un poco. Depende de cuánto. También depende de cuánto les va a costar a nuestras empresas. Tienes que entender que nuestras empresas no son competitivas ahora mismo”.

Otra cosa será cuando Trump asuma el cargo y ponga los pies en la cancha; por lo que existe la posibilidad de que si percibe que el desarrollo sostenible es un buen negocio, lo apoye y promueva sistemas productivos menos depredadores y contaminantes y más sustentables y ecológicos.

Esto es deseable, pues lo mejor para todos es avanzar hacia una economía sostenible, haciendo negocios sostenibles y utilizando tecnologías novedosas y amigables con el ecosistema.

En la historia de la tierra han existido ciclos que afectaron drásticamente los fenómenos atmosféricos con dimensiones apocalípticas; durante millones de años, el planeta ha sufrido largos periodos de sequía, lluvias torrenciales, inundaciones, calentamiento, enfriamiento,  huracanes, terremotos, meteoritos, erupciones volcánicas y esto seguirá ocurriendo.

La especie humana surgió porque se dieron condiciones ambientales adecuadas para nuestra vida y si estas condiciones desaparecen, será casi imposible que nos adaptemos. A pesar de conocer esto, como consecuencia de nuestro accionar cada día vemos como se agudizan los cambios en los patrones climáticos a los que estamos adaptados y no nos damos por advertidos de la necesidad de cambiar nuestra destructiva utilización del ecosistema planetario.

El tema ambiental no solo es un asunto de calentamiento global, es de ámbito integral y nuestro objetivo central es evitar la destrucción del ecosistema al que nuestra especie está adaptada: clima, temperaturas, régimen de lluvia, entorno natural, biodiversidad, glaciares en los polos y montañas, etc.

Diversos estudios confirman que la explotación forestal, el desbosque indiscriminado para la agricultura, las especies invasoras, la acidificación de los océanos y las toxinas que envenenan nuestro ecosistema, son algunas de las causas que propician la destrucción de los hábitats naturales y la desertificación; todo esto con un impacto directo en las especies vegetales, de insectos y animales. Si estas especies desaparecieran también lo harán sus beneficios para el planeta como la polinización de los cultivos y la permanencia de los humedales y así evitar la pérdida de la biodiversidad que afecta cada vez más a la humanidad. Asimismo al cambiar el clima, también cambia el ciclo de siembras, de las cosechas y se afecta el ciclo de los cultivos, por lo que se hace necesario encontrar especies nuevas y ajustar su ciclo mediante la biotecnología.

El crecimiento demográfico proyectado para el año 2050 se concentra en las áreas urbanas, lo que tendrá un impacto negativo en las capas freáticas, por lo que contar con los suministros de agua fresca para nuestro consumo será un desafío clave.

Relacionado con esto, está el problema de la alimentación y la agricultura, la que demanda aproximadamente el 70% de los usos mundiales de agua dulce; por ejemplo se necesita 1.500 litros de agua para producir 1 kg de trigo y alrededor 15.000 litros por kg de carne vacuna. Esto implica la necesidad de nuevas técnicas de cultivo y otras fuentes de proteínas menos demandantes de agua y sin emisión de metano.

La filosofía y la vida natural nos enseña la obligación de convivir armónicamente con todos los organismos del único planeta que tenemos y si nos ocupamos de esto, la ciencia y tecnología pueden darnos nuevas herramientas, más adecuadas y amables con el medio ambiente y la diversidad.

Por tanto para sobrevivir necesitamos reorientar nuestra forma de vivir, consumir y producir y esto necesitamos hacerlo usando nuestra inteligencia, la ética, la filosofía, la tecnología, que son creaciones culturales que ayudan al ser humano a comprenderse a sí mismo y entender cómo vivir en sociedad y en paz, respetando los derechos de los otros y conservando nuestro entorno ecológico común.

ovidioroca.wordpress.com

 

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CUENTOS QUE LE CUENTAN A LA GENTE

CUENTOS QUE LE CUENTAN A LA GENTE

Ovidio Roca

A la gente le gustan los cuentos y por eso tienen tanto éxito y audiencia los saca suertes y los populistas. En nuestro país nos contaron el cuento del socialismo, el mismo cuento que se usó y se usa en todas partes para engatusar a las masas y que emociona especialmente a las audiencias de bajo nivel de ingreso y educación. Dependiendo del cuentista y del cliente se enfatizan cosas como comunitarismo, indigenismo, pachamamismo, patrióticas nacionalizaciones,  empresas públicas y  sobre todo, bonos y subsidios  que es lo que más gusta a la gente.

Los cuentistas también nos asustan con los relatos del coco neoliberal y nos cuentan de los exorticios y conjuros que hay que realizar para deshacernos de las empresas capitalistas y lograr la felicidad socialista. Para empezar hay que demonizar y joder a la empresa privada (la de los opositores no la suya que es buena) fuente de todos los males, aplicando avasallamientos a las propiedades de los otros, prohibiciones a las exportaciones (menos a la cocaína), controles de precios, veto a los transgénicos, terrorismo tributario, manejo de las normas laborales y un sin fin de trámites largos y onerosos que solo pueden ser facilitados previa propina que depende de la cara del pavo y por si acaso cualquier otra traba que perjudique las inversiones de los cochinos capitalistas. Como son gobierno, de yapa y para causar terror, acosan y amedrentan a los opositores y sus familias.

Detrás de todo este cuento, lo que finalmente buscan es dinero y poder. Poder sobre todo y sobre todos y esto lo hacen arrasando con todo lo que encuentran a su paso: bosques, aguas, tierras, minas, pueblo, indígenas, opositores y guiados por su afán de poder y dinero que es su única ideología.

Cada cuentista tiene su cato de coca o de poder; los del Chapare piensan en un estado cocalero autónomo, con aeropuerto internacional línea blanca, industria gasífera y de precursores, carreteras atravesando el TIPNIS hacia San Ignacio de Mojos y La Paz. También extender su territorio avasallando los  Parques y Reserva Naturales del Isiboro Sécure, Carrasco, Amboró, Chore y esto para ampliar los cultivos de coca y las fábricas de línea blanca. Para financiar estos negocios, usan la plata de los otros, bajo el mecanismo del  “le meto nomas” y palo al que joda.

Los otros plurinacionales, usando su cato de poder, incursionan en el cobro de comisiones por adjudicación de obras públicas, negocios inmobiliarios, contrabando masivo, transporte, pegas públicas y depositan su platita en los seguros bancos internacionales capitalistas. No por nada los Gobiernos de los países signatarios del Socialismo Siglo XXI han sido reconocidos como los campeones mundiales de la corrupción.

Mientras tanto, la economía nacional es cada es cada vez más extractivista, menos diversificada y de bajo nivel de desarrollo industrial y empresarial. A su vez la población, que aunque se caracteriza por ser emprendedora,  en su gran mayoría está poco capacitada y motivada para trabajar en una economía moderna y de producción competitiva, la que exige preparación tecnológica para poder progresar y por tanto tienen temor a un régimen y una economía que exija formalidades y destrezas.

En este ambiente  la población halla su solución para sobrevivir, en la informalidad; de aquí que gran parte de la gente tiene temor del cambio hacia una economía formal y un Estado democrático, que exija un orden jurídico y el cumplimiento de las leyes y peor aún, temen que cualquier gobierno que suba por elecciones no pueda soportar las presiones de los grupos de activistas y movimientos sociales, sindicatos, narcotraficantes, grupos armados y bloqueadores del régimen cocalero y que el nuevo Gobierno se desestabilice y caiga llevándonos al caos.

Como nada dura, ellos también se irán dejando tras sí una herencia maldita; fundamentos institucionales podridos de populismo, un Estado dividido étnicamente y desvinculado socialmente, ciudadanos que carecen de una cultura común compartida. El problema es que esto no se arregla retocando el tipo de cambio, las tarifas de los combustibles y servicios públicos o haciendo algunas correcciones en el sistema legal, sino que demandan un cambio sustancial de actitud y voluntad de construir un nuevo Estado, con democracia, educación, orden, responsabilidad social y ambiental.

Dejándonos de cuentos, en todas partes vemos que las sociedades solo progresan en un ambiente de estabilidad y seguridad jurídica, lo que permite invertir, innovar y diversificar la producción. En esta perspectiva los nuevos trabajos se orientan hacia la investigación y el desarrollo tecnológico, biotecnología, agroindustria, granjeros, manufacturas, artesanías, cadenas productivas, turismo, salud, cuidados de la tercera edad, medio ambiente, etc.

Todo nos señala que el futuro de los pueblos está en la economía del conocimiento y que los empleos requieren de cada vez mayor formación tecnológica, mientras que los trabajos rutinarios tienden a ser realizados por máquinas y computadoras; por lo que necesitamos educarnos y capacitarnos en ciencia, tecnología e innovación para encontrar trabajo y progresar y todo esto necesariamente en un ambiente de libertad y democracia, con alternancia de poderes y libres de repostulación y corrupción.

ovidioroca.wordpress.com

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DEL DISCURSO A LA PRACTICA ECOLOGICA, EN EL ESTADO PLURINACIONAL

DEL DISCURSO A LA PRACTICA ECOLOGICA, EN EL ESTADO PLURINACIONAL

Ovidio Roca

El Gobierno maneja un  discurso falaz y demagógico con respecto a la democracia, la libertad, la defensa de la madre tierra, del ecosistema y la defensa de lo indígena; pero en su práctica cotidiana hace todo lo contrario, lo que convierte su discurso en una verdadera pachamamada.

El Vicepresidente, declaraba: “En esta Cumbre Climática, Bolivia no debe nada, quienes deben al mundo es Alemania, Inglaterra, Francia, España, Italia, Estados Unidos, ellos tienen que cambiar, nosotros no tenemos que cambiar, nosotros somos cuidadosos de la Madre Tierra“.

Es más fácil culpar a otros, que reconocer que todos tenemos nuestra cuota parte en el ecocidio y que por tanto nos corresponde asumir nuestra responsabilidad, trabajar y dar soluciones y hacerlo conjuntamente con todas las personas y todos los países; pues el medio ambiente no tiene fronteras ni ideologías.

Nuestra realidad nacional muestra que en lo ecológico, antes y durante este periodo plurinacional, no hemos sido responsables y cuidadosos en preservar el bosque, la biodiversidad de plantas y animales y en consecuencia preservar el ciclo del agua y de la vida.

Según un estudio de la Red Amazónica de Información Socio ambiental Georreferenciada (RAISG) entre el 2000 y el 2013, se destruyeron en la Amazonía boliviana 10.400 kilómetros cuadrados de bosque. Y en los territorios indígenas, se perdieron 1.700 kilómetros cuadrados de bosque, en el mismo periodo.

Las principales causas directas de esta deforestación fueron: la ganadería, la agricultura mecanizada y la agricultura migratoria en pequeña escala, siendo la ganadería, la de mayor impacto negativo. Un grave problema y cada vez más extendido, es el desbosque masivo para cultivos de coca y la minería ilegal y la consiguiente contaminación de los ríos y acuíferos con los químicos usados para la fabricación de cocaína y la explotación minera.

El Gobierno, ante la actual caída de los ingresos nacionales por la baja de precios de los hidrocarburos y los minerales y en procura de conseguir a cualquier costa, más ingresos, más plata; ha decidido explotar los hidrocarburos en las áreas protegidas, reservas naturales y forestales, los parques y los territorios indígenas; sin respetar el ordenamiento legal, el medio ambiente y menos aún a los pueblos originarios, como lo vemos en el TIPNIS, el Amboró y el Choré.

El Presidente manifiesta que las denominadas reservas forestales “han sido creadas desde el imperio norteamericano y que ahora se pretende que sean intocables”. Y continua diciendo: “Nosotros tenemos la obligación de explorar qué tenemos, cuánto tenemos, en nuestro territorio. Es nuestra obligación el medio ambiente, pero no podemos ser guardabosques de los países industrializados. No es posible que algunas ONG’s algunas fundaciones manden o deciden a nombre de los pueblos indígenas”.

Y luego advierte: “Quiero decirles que ONG’s o fundación que perjudique la explotación de los recursos naturales se va a ir de Bolivia”.

Entre los reclamos “reaccionarios” que hacen las ONG; está la consulta previa para viabilizar proyectos con impacto ambiental en áreas protegidas; y para la exploración y explotación de recursos hidrocarburíferos en las reservas naturales y áreas protegidas del país, contar con la necesaria autorización de acuerdo a Ley. Es criterio del Gobierno que estos reclamos de las ONG: “son medidas reaccionarias y movidas por el imperialismo”.

En este ambiente de políticas y acciones antiecológicas y anti pueblos indígenas y sus territorios;  es que se realizó en Tiquipaya (Cochabamba), la Cumbre Mundial por el Medio Ambiente y por la Vida. Esto es una ironía, es otra Pachamamada.

Pero los dirigentes masistas, ante otro público y otro escenario, cambian de discurso y hablan de la preservación de la naturaleza y la defensa de la madre tierra; pero  persisten en la búsqueda de culpables externos, el imperialismo y no buscan soluciones y compromisos comunes y de cumplimiento obligatorio.

Aprovechando el espectáculo, Evo hace entrega un documento con diez puntos a las NNUU; para cuidar la Madre Tierra, la Pachamama y que dice lo mismo de siempre. En esencia, la gran propuesta es sustituir al capitalismo por un “modelo comunitario”, e identifica al capitalismo como el enemigo de la naturaleza: “Es una amenaza a la vida, porque prioriza la ganancia y porque genera pobreza”.

Olvidan que allí donde se implantaron sistemas socialistas: la URSS, la República Democrática Alemana, China, Cuba; además de matar y sojuzgar a la gente, se produjo una total destrucción del medio ambiente y la biodiversidad.

Sin embargo, del evento de Tiquipaya corresponde mencionar que la propuesta de crear un Tribunal Internacional de Justicia Climática, algo similar a La Haya, merece ser considerada e implementada.

Al parecer los masistas no se han enterado que internacionalmente se viene trabajando en la agenda 2030 a ser aprobada en la Cop21, la misma que se enmarca en el paradigma del desarrollo sostenible e incluye el concepto de los bienes de interés colectivo: la protección de los océanos, de la atmosfera y la biodiversidad. Incorpora y promueve los tres pilares del desarrollo sostenible y trata aspectos cruciales en términos de educación, vivienda, seguridad alimentaria, suministro de servicios básicos de desarrollo urbano, protección social y riesgos de catástrofes.

El documento preparado para la nueva agenda global, propone por primera vez la erradicación de la extrema pobreza para el 2030 y considera como ha venido afirmando la CEPAL, que el empleo digno y de calidad, es la llave maestra para alcanzar un desarrollo más inclusivo. El empleo formal debe avanzar juntamente con la industrialización y la innovación tecnológica para mejorar la productividad y la eficiencia en la  utilización de los recursos.

Tiquipaya, un nuevo evento, otro discurso y una nueva fotografía, y a continuar en lo de siempre; facilitando y manteniendo la informalidad, explotando los recursos naturales, destruyendo los bosques, las áreas protegidas y la biodiversidad, y todo esto con el afán de conseguir mayores ingresos, para más dadivas y mayor poder; como lo han hecho en estos últimos diez años.

No necesitábamos de tanto gasto y tanto show, para saber que hay que cambiar el modelo consumista actual y avanzar hacia un modelo de economía y naturaleza, sostenible. Pero no hacia la economía del Socialismo Siglo XXI que en realidad es populismo, capitalismo mercantil, estatismo; un modelo depredador de los recursos naturales y enemigo de la libertad; pues de hacerlo sería como saltar del rescoldo al fuego.

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LOS LÍMITES DEL CRECIMIENTO

LOS LÍMITES DEL CRECIMIENTO
Ovidio Roca
Tenemos evidencias del peligro que significa el cambio climático; sabemos que nuestro planeta está sobre poblando, que con nuestro afán desmedido de consumo estamos expoliando los recursos naturales más allá de su capacidad de regeneración, que estamos destruyendo los ecosistemas y contaminando las tierras, las aguas y los océanos y con ello destruyendo la biodiversidad y el consiguiente equilibrio ecológico; aquel que garantiza las condiciones de vida adecuadas para nuestra especie. Esto es algo que desde hace muchos años los investigadores han venido informando y alertando a la sociedad, sin haber conseguido su atención y lograr que esa información se transforme en acciones concretas.
Estamos informados y advertidos y al margen de hacer grandes discursos y reuniones, seguimos empeñados en un crecimiento sin límite de la población, del consumo dispendioso, de la producción de basura. Practicamos una economía que produce cada vez más bienes y servicios y con cada vez menos mano de obra, generando desempleo, afectando negativamente al entorno ecológico y social. Todo esto nos produce gran temor e incertidumbre sobre nuestro futuro, pero poca acción.
En los países más pobres y más poblados, sus gobiernos populistas incrementan aún más el estatismo y el extractivismo. Son cultores de una economía primaria, dirigida hacia la exportación y dar contento a la gente con algunos bonos y subsidios; paliativos demagógicos que son insostenibles.
Y todos: comunistas, socialistas, populistas y capitalistas, seguimos aplicando un sistema económico y productivo que no respeta e ignora las leyes de la naturaleza, sobre todo la ley de la entropía, pues si lo hiciéramos no se aceptaría la idea del “crecimiento ilimitado”.
Manejamos un sistema económico modelo bicicleta, que necesita estar en permanente movimiento para no caerse. De ahí nuestro empeño en crecer permanentemente y a más del 3% anual, procurando así mantener los empleos y captar fondos públicos para más prestaciones y bonos, que pretende conseguirse con el crecimiento de la economía y exprimiendo aún más a los contribuyentes.
Gracias a la ciencia, en los países desarrollados la esperanza de vida pasó de los 30 años en el siglo diecinueve, a los más de 70 años en la actualidad; con lo que la cantidad de personas de tercera edad y jubilados aumentó drásticamente y como consecuencia tenemos una masa considerable de ancianos y enfermos que se necesita mantener y cuidar, y nuestra solución es más natalidad y más migración, para contar con una mayor cantidad de jóvenes contribuyentes.
Como fruto del crecimiento económico de las últimas décadas se ha exacerbado, una mentalidad consumista y del pleno disfrute, ajena al esfuerzo y la responsabilidad. La predica populista, es aceptada y demandada por todos y en especial por los jóvenes y los más pobres, quienes se han especializado en indignarse y reclamar derechos, pensando que el Estado les proveerá de todo lo que quieren.
Como esta situación es insostenible, la solución tendrá que venir por el desastre. De aquí la importancia de que exista una base conceptual y gente con capacidad para asumir compromisos y responsabilidades para cuando el problema ambiental, económico y social estalle. Para esto se necesita entre otros, instalar una educación de calidad, que promueva la innovación y la producción de bienes y servicios y una sociedad que demande más calidad ambiental y cultural y no mero consumismo.
Aunque la solución debe ser global, pues todos compartimos un único planeta, tiene que gestarse y aplicarse desde lo local, desde las personas, la familia, el municipio. Sin embargo, impulsar la valorización de lo local, basados solamente en la buena voluntad de las personas y organizaciones y sin cambiar la lógica consumista, no es viable. De ahí la importancia de las propuestas y la toma de conciencia y asunción de decisiones en todos los ámbitos y partiendo de lo local a lo global.
La crisis a la que conduce el actual modelo de crecimiento, ha llevado a la sociedad a plantarse un conjunto de reflexiones y propuestas relacionadas con la cultura de consumo, del límite poblacional, el equilibrio ecológico, la justicia y el bienestar social:
El primer desafío que surge, es el de cambiar nuestro concepto de nivel de vida; el que actualmente se mide por la cantidad de bienes y servicios que el ingreso personal y el PIB permiten comprar. Un bienestar que se lo asimila con bientener.
Para cumplir con este desafío necesitamos cambiar las pautas de consumo, entendiendo y explicando, que disminuir los consumos no es una actitud “regresiva” sino progresista, porque se busca el progreso en la calidad de vida: con energía renovable, aguas limpias, ciudades no contaminadas y personas, biodiversidad, bosques y océanos, saludables.
En esta lógica, se viene planteado la idea del “acrecimiento” que nos invita a huir del desarrollismo, y se argumenta que el crecimiento económico no es una necesidad natural del hombre y la sociedad, salvo de la actual sociedad de consumo.
Se propugna un consumo de lo esencial y que privilegie más los servicios que los bienes materiales; para ello se propone potenciar la capacidad de relacionamiento humano, de su inteligencia, de la ciencia y la capacidad de innovación, para conseguir energías limpias, disminuir el uso de materias primas, aumentar el reciclaje, reducir la contaminación, cultivar alimentos de manera más eficiente, y mejorar la calidad de la vida, proteger la naturaleza y propiciar la convivencia humana en un ambiente sano, así como privilegiar en lo local la producción de bienes y cultivos, con el consiguiente ahorro de transportes y combustibles.
Algunas empresas vienen aplicando el concepto de inmediatez, el “justo a tiempo”, es decir comprar o producir solo aquello que se necesita, y solo cuando se necesita, lo que permite reducir las existencias y los costes de producción y almacenaje.
Se hace necesario que los mercados incorporen las externalidades en los costos y precios de los productos, si lo tomaran en cuenta la energía renovable y la producción ecológica sería mucho más competitiva.
Somos la generación del cambio climático, la que conocerá las siete plagas del siglo XXI: Las aguas se contaminan, los océanos se acidifican, cambia el habitual ciclo climático, las lluvias y sequia se extreman, las cosechas disminuyen, el hambre se acrecienta y las enfermedades y plagas se multiplican. Y la duda es si actuaremos a tiempo o seguiremos la consigna que alguna vez dirigió a sus seguidores, el Comandante del Socialismo Siglo 21: “Estamos al borde del abismo y daremos un paso al frente”.
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CULTURA DEL DESARROLLO SOSTENIBLE

CULTURA DEL DESARROLLO SOSTENIBLE
Ovidio Roca
La XXI Conferencia de las Partes (COP21) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, a celebrarse en Diciembre y en París, ya está en marcha y la esperanza es que los intereses económicos y políticos de las empresas y los países, no se antepongan a nuestra vital necesidad de conservar el hábitat de la humanidad y lograr un futuro sostenible para todos.
El cambio climático preocupación de esta Conferencia, se está produciendo ahora mismo y no en un lejano futuro y cada día todos sentimos como se tornan extremas las lluvias y las sequias, y en épocas que no recordamos normales. Esto que para una gran mayoría es miseria y desesperación, para otros es negocios.
En nuestro afán de crecimiento, durante los últimos dos siglos hemos contaminado los océanos vertiendo en ellos desechos orgánicos, nucleares, químicos e industriales. El océano se ha acidificado, se matan los arrecifes coralinos y la vida acuática; la pesca indiscriminada conduce al agotamiento de los recursos pesqueros y el empobrecimiento de millones de personas, cuyos medios de vida depende de los mares. Igualmente día a día estamos destruyendo los bosques y su biodiversidad con la tala incontrolada en la Amazonia, los bosques de Asia y África, contribuyendo en acelerar la desertificación y el cambio climático.
El problema es, que a pesar de los continuos informes y la diaria constatación de la huella ecológica cada vez más destructiva de nuestro único hábitat, los ignoramos y seguimos depredando y superpoblando la tierra.
Hay gente inteligente que cree que la solución es irse a otro planeta, donde por lo que sabemos no hay condiciones de vida, y de no ser así el problema subsistiría, pues llevamos como equipaje nuestra mentalidad consumista y depredadora.
Aunque en general la gente sabe lo que está ocurriendo pues puede apreciar en su vida diaria los efectos del cambio climático, no está dispuesta a sacar las respectivas conclusiones y se comporta de manera “esquizofrénica”: por un lado son conscientes de la degradación del medio ambiente y el cambio climático, pero no están dispuestos a cambiar su estilo consumista de vida y de negocios. Llevará tiempo y desastres para llegar a comprender que “más” no necesariamente significa “mejor”.
Lo que es evidente, es que no es posible vivir permanentemente más allá de nuestras posibilidades, pues en algún momento y más pronto de lo que pensamos, hay que pagar la cuenta. Y aunque el terco sentido común nos recuerde que no se puede gastar más de lo que se tiene, en nuestro país preferimos escuchar la predica populista y cocalera que nos ofrece “el vivir bien”, sin pagar el costo por ello.
Menos nos gusta que nos recuerden la necesidad de trabajar honestamente y ser responsable con nuestros gastos, de evitar el excesivo consumo y la falta de cuidados del ecosistema y olvidamos que lo inteligente es aprender a vivir y disfrutar de lo que se tiene y que merece cuidarse, pues no se puede vivir indefinidamente a costa de un capital natural, que no crece ni se renueva.
Contra todo esto ha surgido el pensamiento ecológico y del Desarrollo Sostenible que cuestionan la idea de que nuestro objetivo como sociedad es aumentar la producción, el consumo y el PIB.
En 1972 se presentó el Informe del Club de Roma, Los Limites del Crecimiento, cuya conclusión es: “si el actual incremento de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales se mantiene sin variación, alcanzará los límites absolutos de crecimiento en la Tierra durante los próximos cien años”.
En las sucesivas ediciones del Informe se confirma esta aseveración y en la última versión, del 2012, se afirma: “el crecimiento económico de los últimos cuarenta años es una danza en los bordes de un volcán que nos está preparando a una transición inevitable”. Seguro que para peor.
El actual modelo de crecimiento económico comienza a encontrar sus límites ecológicos: escasez de agua potable, pérdida de biodiversidad (hoy desaparecen más de 200 especies vegetales y animales por día), el calentamiento global, el agujero de ozono, el descongelamiento de los Polos, la desertificación del planeta, etc. Se prevé que antes de finales de siglo se elevara en cuatro grados centígrados la temperatura media. Esto significa zonas costeras bajo el agua, decenas si no cientos de millones de refugiados ambientales, graves problemas alimenticios, escasez de agua potable para muchas poblaciones, etc.
Es claro que nuestra interrelación con el medio ambiente no puede ser entendida y mejorada solo por nuestras actividades económicas y productivas, sino especialmente por nuestras pautas de consumo, de infraestructura, de transporte, de manejo de los recursos naturales. Y esto es lo que postula el Desarrollo Sostenible, que implica la necesidad de investigar y utilizar nuevas tecnologías que ahorren recursos naturales, generen energía renovable, que evite la contaminación y el impacto sobre los ecosistemas; la necesaria reducción poblacional, limitar el crecimiento cuantitativo y crecer el cualitativo, de no consumir más sino mejor.
Lo preocupante, es que pese a que el cambio climático es una realidad que nos impactara a todos, existen muchos intereses políticos y empresariales que impiden tomar medidas urgentes y efectivas para frenar el deterioro ambiental, por eso es urgente una decidida toma de conciencia y una acción efectiva de la sociedad para avanzar hacia un nuevo modelo de desarrollo.
En este camino, recientemente ha surgido un importante actor, el Papa, que con la encíclica “Laudato Si” (Alabado Seas) puede contribuir positivamente a reforzar la conciencia ambiental. El Papa Francisco en esta encíclica manifiesta: “Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta”…..“El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar”.
En esta perspectiva necesitamos unirnos todos: ciudadanos, científicos, grupos religiosos para conseguir que nuestros gobiernos e instituciones asuman una posición proclive a la sostenibilidad y promuevan en la ciudadanía una cultura de austeridad que supondrá trabajar lo que corresponda para vivir mejor, consumir menos pero mejor, producir menos residuos, reciclar más… En pocas palabras, recobrar el sentido de la mesura y una huella ecológica sostenible.
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