PREGUNTANDO SE APRENDE

Ovidio Roca

Relatos de la cotidianidad.

De forma reiterada, el gobierno declara que no hay propuesta económica y de país como alternativa al llamado “proceso de cambio”; para confirmarlo consulté el sentido común: del zapatero de la esquina, del taxista, de la señora de la pulpería, de un albañil, de un campesino de la vecindad de Buena Vista y también el de unos bonosolistas, que al modo de los peripatéticos, caminan por el Parque mientras van filosofando y admirando a las pechugonas. En medio de la charla, aproveche para preguntar a cada uno de ellos sobre lo que quisieran para vivir y progresar en paz junto a su familia y amigos en este pueblo.

Primero quiero seguridad, vivir en paz, que no me asalten; quiero poder ir a comprar mis materiales y mis víveres al mercado, quiero ofrecer y vender libremente mis productos, no quiero bloqueos y despelotes permanentes, quiero una autoridad que sea respetada y se respete.

Quiero que respeten mis cosas, el fruto de mi trabajo e iniciativas y que el gobierno y sus movimientos sociales no me lo loteen y me los quiten. Nada de estatizaciones y total respeto a las personas, la propiedad personal y privada, pues sabemos que: “Lo que es de todos es de nadie y lo que es del Estado, es de los políticos”.

Que las autoridades no roben ni malgasten los recursos públicos y que no apliquen malas políticas y esas sus pésimas recetas económicas que desalientan la inversión licita, promueven la informalidad y generan hambre y desempleo.

El pescado siempre se pudre por la cabeza”, por lo que necesitamos que las instituciones tengan a la cabeza, gente honesta y capacitada, que sepan administrar las instituciones y no permitan la corrupción, que se come más de la mitad del presupuesto.

Quiero que la policía y los empleados del municipio, de la cabeza a la cola,  hagan bien su trabajo y no estén ocupados en cómo melear y sacarle plata a la gente.

Que los jueces y fiscales, apliquen correctamente la ley y que esta sea  igual para todos, masistas y opositores y que no extorsionen y le saquen plata a los ciudadanos prometiéndoles una ayudita.

Quiero escuelas y universidades donde los profesores sean ejemplo de moral y conocimiento para los estudiantes. Que les enseñen a pensar, a comportarse, a respetar a los demás y valorizar y sentir orgullo por el trabajo bien hecho. Que enseñen las materias adecuadas para este mundo en acelerado cambio tecnológico, de modo que los futuros técnicos puedan realizar eficientemente los trabajos que piden las empresas y los clientes.

Quiero ir con mis nietos al campo, al rio Piraí y al Surutú, encontrarlo con agua y sin el peligro de enfermarme por la contaminación; que no me asalten los ladrones y poder escuchar con tranquilidad a los loros y maticos en las orillas de los arroyos.

Tener buenos servicios básicos y los que llegan con las nuevas tecnologías. Por los años sesenta y setenta nosotros en forma cooperativa y con nuestra plata, más profesionales y técnicos honestos, nos dotamos de agua, alcantarillado, pavimento, luz y teléfono. Que lastima que la honestidad se perdió.

Quiero poder cuidar mi salud y eventualmente ir a un hospital o una posta y lograr que me atiendan, así puedo seguir trabajando y ganando mi plata para mí y mi familia.

Quiero recuperar ese sentido de buena vecindad y solidaridad que era común en el pueblo y donde los vecinos y amigos se ayudaban en la enfermedad y la pobreza.

Es urgente y necesario que se respete a las personas, al ciudadano, sin necesidad de ser miembro de un sindicato o de una corporación; pues por ahora solo tienen derechos los del gobierno y los sindicalistas y gremiales que gritan y bloquean.

Quiero que el gobierno no se tire la plata y que los políticos no se enriquezcan con sus pegas, pues como dice el camba, aprovecharse de los recursos del Estado es para los políticos “como melear en tacuara”.

Por lo que me dijeron y transcribo arriba, entiendo que la gente no quiere discursos ideológicos de odios y enfrentamientos, sino (esto puede convertirse en un Plan alternativo de Gobierno) vivir y trabajar en paz y mutua colaboración, sin que el gobierno interfiera en su trabajo y se limite a lo que ha demostrado ser útil en sociedades democráticas: la seguridad de los ciudadanos, la vigencia plena de las leyes y la institucionalidad, además de construir la infraestructura pública. En síntesis un Estado mínimo, un Estado de derecho, con calidad institucional y educacional, garantías para el trabajo y las inversiones competitivas que generan empleos y combaten a la pobreza.

Es común que la gente se sienta ilusionada por las fabulas y promesas populistas, que funcionan mientras las cosas están bien, pero cuando la gente siente en su vida diaria que peligra su seguridad física y jurídica, disminuyen sus ingresos; hay escases de trabajo, del rancho cotidiano, de su salud, su felicidad y su futuro, la cruda realidad los hace aterrizar.

Es bueno de tanto en tanto apelar a la experiencia del saber popular y el sentido común, aunque se diga que es el menos común de los sentidos, pues preguntando se aprende y aprender es descubrir y en este caso; descubrir cómo vivir mejor.

ovidioroca.wordpress.com

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