CANDIDO Y EL POPULISMO

CANDIDO  Y EL POPULISMO

Ovidio Roca

Érase una vez, en un hermoso y lejano país en el cual su pueblo atesora una mentalidad y cultura centralista y cree firmemente en el Estado empresario y que a éste le corresponde solucionar todos sus problemas y especialmente los personales y domésticos.  Este es un país donde por azar del destino, leído en hojas de coca, asumen el poder unos iluminados al que los hados premian con una lluvia de riqueza y de dólares, la que cae a raudales impulsada por el viento de los precios de las materias primas, milagro nunca antes visto.

Sus habitantes fueron felices escuchando los cuentos de millonarios proyectos estatales, de palacios y  museos orinoquences; también de canchas de pasto sintético y hermosos y turísticos teleféricos, que cuestan mil millones de verdes imperiales. Está claro que si el presidente jugara golf y no futbol; esto de las canchas habría costado más, aunque ahora por problemas de rodilla y presupuesto, quizá en lugar de canchas se inauguren mesas de cacho, mucho más baratas.

Como parte del relato ingenuo, hace poco escuche al alcalde de la llajta, comentar su viaje a las fuentes de captación de las aguas prometidas; el rio Misicuni y señalaba que el curso de agua de este milagroso rio, era apenas un tercio del rio Rocha; que como todos sabemos casi no tiene agua, aunque sí magníficos olores. Cándido el ingenuo me preguntaba; cómo es posible que luego de cuarenta años de sueños y discursos misicunianos y millones de dólares de gastos, descubramos que no habían verificado si había suficiente agua para abastecer a nuestra bella llajta.

Leímos que el presidente al informar que se había concluido el Ingenio San Buenaventura, vendido en 260 millones de verdes por los ingeniosos de CAMC, habría mencionado que “siempre tampoco había habido caña de azúcar para la molienda” y eso no lo podía entender.

Escuchamos también, que la Planta separadora de gases y líquidos, de 700 millones de verdes como inversión inicial, no contaría con suficiente suministro de gas para su procesamiento, por lo cual no puede funcionar según su capacidad. Tenemos también en el Chapare cocalero un aeropuerto, dicen que el tercero más grande del país y entre otros regalos, una fábrica de papel que no contaría con suministro local ni nacional de celulosa.

Pronto se concluirá la Planta de Urea y Amoniaco, también en el Chapare cocalero y luego de gastar más de mil y pico millones de dólares, quizá descubramos que: o no hay gas o que: el solo costo del transporte de su producción hacia el mercado brasilero, por más de dos mil kilómetros de carretera y un posible ferrocarril, es mayor al precio que se puede obtener por la venta de la urea.

Estos son proyectos estatales, proyectos que cuando fracasan lo hacen a costa del país y de los contribuyentes, mientras los ejecutores, los políticos populista “más bien se habían enriquecido”. Y no hay a quien reclamar y tampoco nadie responde por los millonarios gastos y perdidas.

Un emprendedor, un empresario, cuando decide hacer una inversión lo hace en proyectos productivos, que generan valor y permiten pagar su deuda, sus costos y generar excedentes. Esto lo hacen con sus propios recursos y comprometiendo su patrimonio para tomar préstamos bancarios. El emprendedor asume el riesgo, identifica las oportunidades, verifica el acceso a los mercados, investiga las tecnologías más apropiada y competitivas y administra eficientemente la empresa y su producción, esto con una perspectiva de mercado y de largo plazo, y si falla corre con las pérdidas y en su caso con las ganancias. En nuestro país, no se cree en el empresario sino que se piensa firme e ingenuamente que es el Estado el que debe asumir ese rol.

En las democracias desarrolladas, la tarea de los servidores públicos es administrar eficientemente los recursos que pertenecen a los ciudadanos y no a los gobernantes; mientras por el contrario en los regímenes populistas, el funcionario público, devenido en empresario, gasta alegremente el dinero de los contribuyentes, no toma riesgos, ni está comprometido con el éxito del proyecto. Cuando se producen los déficits los paga el pueblo con inflación, desempleo y pobreza; mientras el burócrata del partido, puede hacerse rico con comisiones y sobreprecios y mientras más años dure el proceso del proyecto, mucho mejor y esto ya lo vimos con los cuarenta años que lleva Misicuni, como muchos otros proyectos. Debería existir una ley, una norma, de que las deudas contraídas por una empresa quebrada e inviable, sea asumida y pagada por quienes tomaron la decisión de ejecutarla o estatizarla.

Nuestra percepción del mundo se construye de relatos, creencias, odios y amores; los que son construidos desde las identidades étnicas y corporativas y convertidas en mitos y prejuicios y luego proyectados hacia los otros actores y grupos sociales. Y es por demás sabido que esta percepción, lo que la gente ingenuamente cree, es más fuerte que la realidad que se puede palpar y es por esto que las pruebas y evidencias de la realidad no bastan y no funcionan. La belleza de todo esto, especialmente para los políticos, es saber que las promesas, las ilusiones se reactivan permanentemente y crecen con los discursos llenos de esperanzas; mientras que  la realidad y cuando ésta se concreta, hace desaparecer las expectativas. Por esto se dice, que tanto en el amor como en la política las promesas son mucho mejor recibidas, más efectivas y más baratas.

ovidioroca.wordpress.com

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