EL MONTE PRODUCE LLUVIA

EL MONTE PRODUCE LLUVIA
Ovidio Roca
El cambio climático y sus efectos aparecen como una noticia más que leemos o vemos por la tele entre tantas otras y asumimos que el mismo no nos afectara o que ocurrirá en un futuro lejano; luego pasamos la página o cambiamos de canal buscando algo más agradable.
El problema es que el cambio climático ya está entre nosotros con sus efectos destructivos sobre la infraestructura en general, sobre la agricultura, la alimentación, la salud y calidad de vida de las personas, con la nefasta perspectiva de que estos daños serán cada vez mayores.
Con el cambio climático se está produciendo un desajuste acelerado del ecosistema; se está modificando el régimen de las lluvias y los vientos, ampliándose los periodos de sequía y de inundaciones, los fríos y los calores y esto afecta a los ciclos agrícolas de siembra y cosecha causando grandes pérdidas de producción y afectando a las especies que estamos manejando. Igualmente modifica radicalmente los parámetros del clima al que estamos adaptados.
Comentan los campesinos que “el monte produce lluvia” hecho que la ciencia ecológica reconoce hace tiempo, pero que muchos políticos y funcionarios públicos y privados ignoran, asegurando que esto no es posible pues la lluvia cae de las nubes y no de los árboles. (*)
Aunque no es posible hacer llover, podemos mejorar y mantener las condiciones para que el ciclo natural del agua se realice de forma permanente y sostenida. Para ello es imprescindible ampliar y conservar la calidad y extensión de nuestros bosques; proteger las cuencas, recuperar y preservar las nacientes y riberas de los ríos. En Santa Cruz, el Plan de Uso del Suelo (PLUS), estableció las riberas de los ríos y arroyos como zonas de preservación con cobertura forestal, para evitar además la erosión y colmatación de sus lechos. (**)
Nuestro futuro como especie humana solo será viable con el manejo sostenible de los recursos naturales e hídricos y debería ser preocupación y trabajo permanente de las personas y de las organizaciones privadas y públicas su adecuada gestión, ejecutando programas ambientales efectivos y permanentes en los ámbitos Municipal, Departamental y Nacional.
Antonio Nobre, del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE), dice que los bosques son “bombas de agua” que humedecen los vientos, superando proporcionalmente a los océanos, pues las hojas de las plantas multiplican las superficies de evaporación.
Verdaderos ríos aéreos circulan en torno al planeta. En la región amazónica, estos ríos (de nubes) cargados de humedad proceden del Atlántico y del Caribe, luego se reciclan sobre la Amazonia, llueve en el Pantanal, siguen y chocan con la Cordillera y producen lluvias en la región de Santa Cruz.
Los ríos aéreos son realimentados por los bosques que se encuentran a lo largo de su ruta, ampliando así su alcance. Sin esos bosques afluentes, los “ríos voladores” perderían su humedad más rápidamente, por lo que de no contarse con los bosques para soporte y realimentación las tierras lejanas del mar se desertificarían como sucede en Europa oriental. De ahí la fundamental importancia de protegerlos, ampliarlos y preservarlos.

Para que la lluvia se produzca, se necesitan micro partículas en cuyo entorno se condensan las gotas de agua. Estudios recientes revelan que el bosque amazónico emite vapores orgánicos que actúan como “semilla” de la condensación y de la lluvia. Pero un exceso de partículas, como el humo de los incendios, el polvo de las tierras desmontadas y secas y la contaminación en general, tiene el efecto contrario. En zonas de muchas “quemas”, provocadas para chaqueos, desmontes y limpieza de los suelos para la siembra, se está intensificando el estiaje, la sequía. Esto lo vimos en Santa Cruz cuando se inició el rápido y masivo desmonte durante la apertura de las tierras del Este y disminuyo allí drásticamente el nivel de pluviosidad.

Con la deforestación y las quemas se reducen las lluvias locales y se hacen más vulnerables e inflamables los bosques amazónicos, que tienen baja resistencia al fuego y a la sequía por sus raíces superficiales; las especies típicas del Cerrado, Chiquitanía y Chaco adaptadas a largos períodos de sequía tienen más resistencia. Esta destrucción de la cobertura forestal genera un efecto en cascada, pues cada zona deforestada coadyuva a nuevas pérdidas de bosques.
Queda poco tiempo para tomar medidas prácticas y generalizadas que eviten mayores desastres, y recordemos además que “Las próximas guerras, serán por la posesión y control del agua potable”.

Notas.
(*) Ver: Arboles de lluvia, en ovidioroca.wordpress.com
(**) Ver: El rio Piraí y Tacuarembó, en ovidioroca.wordpress.com

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