LA INSURGENCIA DE LOS METROSEXUALES

LA INSURGENCIA DE LOS METROSEXUALES

Ovidio Roca

En las tribus primitivas era común y en algunos lugares aún puede verse; muchachas de entre doce y quince años que a consecuencia de la gestación, del parto, la mala alimentación, los insectos y la pobreza, están sin dientes, con los pechos flácidos, las nalgas hundidas, la piel áspera y sarmentosa, en fin deterioradas y viejas. Tiempo ha, vi a esas niñas avejentadas cuando navegaba por los ríos del Beni y los de la Provincia Velasco.

En la naturaleza, en el mundo animal, los machos siempre son más hermosos y vistosos que las hembras, basta ver el león, el tigre, el toro, el potro, el ciervo, el pavo real, el gallo, etc. etc. El animal humano macho también lo era, pero con el surgimiento de la acumulación capitalista y por las ansias de los jefes y caciques de ser admirados y envidiados, estos decidieron seleccionar y separar a algunas hembras, de la vida dura y del agotador trabajo cotidiano, y a punta de ocio, cuidados, buena alimentación y afeites, construyeron la hermosura de la mujer, como símbolo de prestigio, orgullo y placer de los jefes, y es así que la mujer se convirtió en el icono de la belleza. Posteriormente, como no hay inventor que no se joda con su invento, ellas terminaron dominándolos.

A finales del siglo pasado, algunas mujeres decidieron mejorar aún más su ascendiente usando sus redondeces, trabajadas y mejoradas por la medicina estética; así que a punta bisturí y de silicona, se arreglan las narices, se abultan los pechos, las nalgas y se estrechan la cintura; los elementos que agitan las hormonas de los machos y nublan sus neuronas.

Otras más orgullosas y que se valoran por su propia capacidad, buscaron la igualdad con el hombre haciendo uso de las neuronas y cada día se esfuerzan por estudiar, trabajar y competir en un mercado laboral, muy difícil y competitivo y esto sin dejar su rol fundamental (y agotador) de madres y esposas (base de la familia y la sociedad). Alguna me decía, que quizá habían equivocado el camino, pues era mejor y más cómodo ser atendidas por los hombres que tratadas como colegas.

En la sociedad del espectáculo se imponen las féminas como arquetipo sensual y muchos jóvenes barbilindos y algunos veteranos metrosexuales que no logran competir contra el instinto y la testosterona de los machos, deciden emularlas en sus formas y sus afeites, buscando lograr la atención y seguridad de parte de algún proveedor.

Veía hace poco en la playa y luego en los “botequim” y boliches, a multitud de muchachos y otros mayorcitos, con aretes brillantes en ambas orejas; unos imitando los gestos y actitudes femeninas y otros más radicales, que mediante la cirugía logran parecer mujeres.

Ellos envidian la belleza que el capitalismo y la tecnología doto a las hembras y que muchas usan como instrumento infalible de poder y ganancias; por tanto están obsesionados por parecérseles y lograr la capacidad de seducción que estas tienen naturalmente, y con afán pretenden suplantarlas para conseguir algún “pavo” forrado, que los acoja y los financie en sus gustos y placeres.

Recordando a Freud, estamos pasando de la envidia del pene, a la de la cola y las gomas. Alguno diría, si no puedes vencerlas, asimílate a ellas.

Nota: apuntes para su discusión en la Columna Porvenir.

 

ovidioroca.wordpress.com
 

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