DE PANEM ET CIRCENSES A COCA ET CIRCENSES

DE PANEM ET CIRCENSES A COCA ET CIRCENSES

Ovidio Roca

Escuchando a Jesús Huerta, aprendemos que la caída del imperio Romano no se debió a hechos bélicos, la invasión de los barbaros; sino que este imperio se derrumbó principalmente por hechos económicos, como consecuencia del socialismo, del “panem et circenses”, del establecimiento del estado de bienestar.

El Estado romano distribuía casi gratis y hasta gratis, alimentos que compraba de los agricultores pagando precios bajos y establecidos por Decreto. Con esto se desincentivo la producción y aumentó la demanda y el consumo en la ciudad. Como consecuencia la población rural abandono la agricultura y se fue a Roma; pues no es negocio trabajar si puedes comer gratis y además asistir al circo.

Ante el abandono de los cultivos, nuevamente por Decreto, se prohíbe a los agricultores que dejen el campo. Pero sin los incentivos de la ganancia la producción desaparece; la pobreza y el desorden cunden, el Imperio se derrumba.

Cuando el Imperio se desarma, la gente buscando el que comer retorna al campo y se establece en forma dispersa, en pequeñas áreas rurales autárquicas donde producen para su propio consumo, pues no les conviene vender a los precios fijados, y con ello desaparecen los mercados, los flujos de comercio y se instala la autarquía.

En el Siglo XX, el experimento Socialista de la URSS colapso estrepitosamente, luego de causar muerte y miseria, a la población que ellos conducían, a la fuerza, hacia el paraíso comunista.
En la década de los 80, la economía de la URSS estaba totalmente centralizada y estatizada. El manejo estatal y planificado de la agricultura, muestra su total ineficiencia y no satisface mínimamente la demanda; los equipos agrícolas de baja tecnología y faltos de mantenimiento son inservibles; el sistema de procesamiento, ensilaje y distribución de la producción son calamitosos y los alimentos en su mayoría se pierden antes de llegar a las tiendas. La generación de energía, la producción siderúrgica y petrolera está paralizada.

Están además presentes todas las formas imaginables de contaminación y agotamiento de los recursos. Existen por doquier peligrosos vertederos de residuos nucleares y se presentan emisiones incontroladas de dióxidos de azufre y otros. La erosión del suelo, el envenenamiento de las tierras, mares, lagos y acuíferos, son de tal magnitud que constituyen una amenaza para todo tipo de vida.

El sistema Socialista, por su política de control ideológico y ausencia de libertad de expresión, impidió que se desarrollen tecnologías civiles, particularmente las de las comunicaciones y el procesamiento de datos, esto por temor a la difusión libre de la información y la amenaza que significan los libre pensantes para el pensamiento único y centralizado del socialismo.

No aprendemos nada, y la historia se repite una y otra vez, pues la ilusión de poder vivir y progresar sin esfuerzo y a costa del Estado nunca se esfuma. El populismo reina y políticos y gobernantes ofrecen siempre más y mejores regalos a sus votantes y ellos felices eligen a esta gente tan comprometida y generosa.

Cuando los países del sur de Europa, entraron al club de los ricos de la UE, lo primero que hicieron sus habitantes fue aumentar su consumo, sus vacaciones y sus prestaciones y para seguir consumiendo se endeudaron. Pero como carecían de una contraparte de producción, innovación y productividad, no pudieron mantener ese nivel de vida. El exceso de gasto origino un insostenible déficit fiscal y el bienestar prometido se esfumo.
Los viejos de antes por algo decían que no podemos vivir más allá de nuestras posibilidades, y ellos apostaban a su propio esfuerzo y no usaban el crédito.

Bolivia, la del comunitarismo indígena y del proceso de cambio, está contaminada de ALBA, virus totalitario, populista y estatista, muy contagioso y letal.
Con el incremento, en los últimos siete años, de los precios internacionales de los minerales, los hidrocarburos, la coca, la cocaína y el auge del contrabando, vivimos una sensación de riqueza; los terrenos urbanos y periurbanos se valorizan, las construcciones y edificios surgen como hongos, el consumo se centuplica y todos viven felices y acullicando.

Pero no todos vivimos en el país de las maravillas, donde moran los gobernantes, pues algunos tenemos que trabajar para parar la olla. Para la publicidad, ellos se asignan sueldos bajos, que no los necesitan, pues tienen gratis a su disposición palacios, vehículos, viáticos, empleados, comida, ropa de marca y todo lo que desean, solo es pedirlo. Cuando desean ir hasta el fin del mundo para visitar a sus compinches, tiene aviones a disposición y helicópteros para visitar las canchas de fútbol.

Sin embargo lo que se avizora es que por falta de inversión y exploración, las reservas de hidrocarburos caigan, y se presente una tendencia declinante de los precios internacionales de los minerales y de la producción local. La agricultura y ganadería sujeta a cupos y controles de exportación y de precios, tiende a estancarse, no así la coca que crece arrasando Parques Naturales y destruyendo los bosques; la tecnología de producción de cocaína es cada vez más eficiente y los carteles del narcotráfico se expanden.

Y lo más grave, es que se ha extendido como una epidemia esa creencia de la que nos habla Ayn Rand y que impide la posibilidad de asumir el reto del desarrollo, “la idea de que la necesidad y no el logro es la fuente de todo derecho; de que no hemos de producir, sino sólo desear. De que no es lo ganado lo que nos pertenece, sino aquello que no ganamos”.

Sera que nuestro destino, cuando desaparezca el pan, será “coca et circenses”.

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