PLAYA DORADA

PLAYA DORADA *

En la madrugada mientras caminamos al borde de la playa, salpicándonos de agua y espuma; vamos escuchando el fragor de las olas del Atlántico y disfrutando del amanecer que se perfila en la inmensidad de este océano, azul plomizo.
En la playa un pescador arregla sus redes, mientras algunos jóvenes trotan y una pareja de ancianos camina lentamente por la orilla. Solo perturba el horizonte el paso de algunos veleros que cruzan raudamente hacia el sur, buscando alguna lejana caleta de pescadores.

A la media mañana miro por la ventana del Departamento, el mar es ahora de color verde con jaspes azulados. Veo luego entre las olas y no muy lejos de la costa, emerger lentamente una playa de tonos rojizos y dorados. A medida que se asoma, que se eleva, lo que luego será un pequeño islote dorado, surge sobre su superficie y en sus orillas una ciudadela que va expandiéndose a medida que avanza el día.

Lanchas de uno y dos pisos, llegaron temprano para atender con comidas y refrescos a los turistas y van quedando varadas y dispersas sobre la playa, a medida que esta va emergiendo. Veleros, lanchas y botes, llenos de turistas empiezan a llegar y brotan cientos de sombrillas dando coloridos a la playa. Motos acuáticas y catamaranes cruzan de un lado a otro dibujando líneas de espuma sobre el mar. En el cielo los parapentes, sujetos a tablas de surfear (flysurf), como parvadas de gaviotas gigantes y de múltiples colores, ejecutan sobre el cielo su coreografía. Al poco tiempo el islote es un hervidero de gente.

Allí llegamos con Andreina, Sofia y Diana las que se unen a la algarabía y con ellas vamos a dar un paseo y observar los corales y su vida diversa de algas, peces, cangrejos violinistas y de los otros, camarones y otros bichos y sobre todo buscar las ofertas diversas de cocos helados, mariscos, pollos  y pasteles.
A media tarde empiezan a retornar los turistas, la ciudadela se desarma y el islote se sumerge bajo las aguas. Al fin del día solo queda ante nuestra vista la inmensidad del océano. Hasta un nuevo día.

*Camboinha, Areia Vermelha, abril del 2013. De Pilar y Ovidio, para os baixinhos: Andreina, Sophia, Diana, Annalia, André y Donato.

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