De gira con los políticos: Yapacani 1998

De gira con los políticos: Yapacani 1998

Ovidio Roca

Trascurría la segunda presidencia del General Banzer durante la cual quería borrar su imagen de dictador, por lo que instaura una gestión en exceso permisiva y en desmedro de la autoridad del Estado. Como consecuencia las movilizaciones y bloqueos de carreteras se multiplican en todo el país, por cualquier motivo o por nada.

En esa época yo ejercía funciones en la Superintendencia Forestal. Un día de esos recibo una llamada del Prefecto del Departamento, una gentil persona que ya conocía de antes, quien me cita para una reunión en su Despacho. Allí acudí y me comento que en Yapacani se realizaba un bloqueo de camino instigado por el dirigente Cimar Victoria y entre sus demandas probablemente habría algo de lo forestal por lo que me pedía lo acompañe, dada la ausencia del Superintendente. Posteriormente llegaron al despacho las autoridades nacionales, Ministro de Gobierno, del Interior, Agricultura, Jefe de la Octava División de Ejército y varios otros para planificar su intervención.

Partimos hacia Yapacani donde arribamos a eso de las nueve de la noche. La reunión era en el Coliseo y la entrada al mismo estaba flanqueada por la policía sindical, constituida por cholas de amplias polleras, que portaban tremendos palos de punta aguzada. A medida que bajábamos de los vehículos unas nos empujaban con sus palos mientras las otras hacían cerco e insultaban a los Ministros, a su paso. Al parecer este protocolo era conocido por los Ministros que no mostraban ninguna preocupación, mientas yo me sentía asustado y violentado.

El Coliseo estaba atestado de gente, que gritaba toda clase de insultos e improperios de todo calibre. Nos dirigieron a una testera improvisada donde colocaron en el centro a los cinco Ministros y al Prefecto y a los costados a los demás acompañantes.
En esa época y ahora también, el nivel de prestigio de los dirigentes se media por la cantidad de Ministros que convocaban cuando realizaba sus acciones de presión.

Luego de casi una hora, durante la cual los campesinos gritaban e insultaban a los Ministros y a toda su ascendencia y descendencia, hizo su entrada triunfal entre aclamaciones el dirigente Cimar Victoria. Yo nunca lo había visto, es bajito, contrahecho y de voz atiplada. Cinco Ministros, ¡!!cinco¡¡¡, grito. Que les parece compañeros yapacanicenses; ¡!!bravo¡¡¡¡, aullaba la audiencia.
Bueno compañeros ahora les queremos hacer conocer a los Ministros nuestras peticiones, invitamos al compañero Casiano que nos cante unas canciones para alegrar nuestros invitados. El compañero, acompañado de un charango empezó a denostar en tono de bailecito, al Presidente de la Republica, su familia, a los Ministros, la familia de los Ministros, mientras la gente aullaba y hacia coro. Yo, que en realidad era la primera vez que asistía a estos aquelarres , estaba cada vez mas asustado y miraba extrañado al Comandante de la Octava División de Ejercito y los Ministros que estaban de lo mas de tranquilos.
Se sucedieron las intervenciones, Cimar era el Director de orquesta que comentaba, se reía, gozaba y pasaba la palabra a unos y otros, unos con canciones, otros con discursos y alguno mocionó exigir el cumplimiento inmediato de los ochenta puntos que tenía su pliego de peticiones. Pero nunca logre saber cuales eran pues no los mencionaron.

Después de cuatro horas de este pandemonio, ya me orinaba y me levante para buscar el baño, en eso una chola me suncho con su palo; mi vecino el Ministro me dijo mejor es ir juntos. Fuimos seguidos por tres cholas, pero no había baño. Al fondo había unos arbustos y una pared caída y mientras orinábamos le pregunte al Ministro, y que vamos a hacer y me dice vamos a escuchar su planteamientos, pero le digo hasta ahora no han dicho nada y dicen que son ochenta y como ya es la una de la mañana a lo mejor esto no termita hasta el medio día.

Los cantos, insultos y discursos seguían uno tras otro y a eso de las tres de la mañana el Ministro del interior pide la palabra y Cimar magnánimo se la concede, el Ministro agradece por la invitación de los Yapacanicenses y dice que el Gobierno tiene mucho interés en dar solución a los planteamientos de los compañeros yapacanicenses. Yo escuchaba esto extrañado pues estando allí no había conocido ni escuchado cueles eran estos planteamientos. Pero lo importante dice el Ministro es que el gobierno siempre ha estado en favor de los compañeros campesinos e invita a Cimar a una reunión en la ciudad de La Paz para firmar un convenio a satisfacción de todos y para gloria de Bolivia..

Cimar toma la palabra y en realidad arenga a sus súbditos en forma de afirmaciones que la muchedumbre corea y asiente. Los ministros son unos ladrones, que dicen compañeros, ¡!! Si ¡¡¡¡, responden todos, vivan lo yapacanicenses, ¡!! bravo¡¡¡, y así por delante.
Luego extrañamente, quizá porque tendrían que ir a comer, o a sus chacos, o a sus tiendas, todos empezaron a retirarse y Cimar despidió a los Ministros y comitiva. Al final parece que se trataba de un ritual, pues al margen de gritar, insultar, liberar sus frustraciones y encomios contra las autoridades y haber traído desde la Sede de Gobierno a cinco Ministros, un Comandante y un Prefecto para aumentar el ego y prestigio del dirigente y por ende su precio, no se había tratado nada en concreto.

Retornando a Santa Cruz, pasamos a las cabañas en el río Yapacani y los Edecanes despertaron (eran las cuatro de la mañana) a los propietarios de los locales para que preparen comida y bebida para la comitiva.

Sentados en la mesa conversaban las autoridades de sus temas personales, los negocios que tenían en puerta, las reuniones sociales, el viaje que tienen a Washington, a Brasilia, la enfermedad de una amiga. Yo escuchaba y no entendía como luego de siete horas de prácticamente un secuestro y un conflicto que había paralizado el transito de cientos de vehículos, se hayan olvidado del asunto. Al parecer esto es un ritual que ocurre en todos los conflictos del país, los dirigentes sindicales cosechan sus medallas por el número de ministros convocados, lo que eleva su estatus y su precio, y para los otros es un evento más.

Mientras esperaba ansioso el pescado que había pedido, el Edecán del ministro me comentaba que había visto una cunumi que estaba rebuena y que en un momento más iba a verla. Ya estábamos comiendo cuando vuelve el oficial sudoroso y me comenta, me la tire a la camba así nomás contra la pared, y pide una cerveza.
Así transcurre la gestión política y los altos asuntos del Estado y la sociedad, todo en el marco del folcklore nacional.

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