PSICOPATOLOGÍA DEL HÉROE

PSICOPATOLOGÍA DEL HÉROE

Ovidio Roca
2008
Nuestro iluminado lider, impertérrito, soberbio, poderoso, con un profundo desprecio hacia su adversario (más bien enemigo) causa escalofríos y eriza la piel. No tiene diversiones, no hace viernes de soltero ni toma una cerveza con los amigos, no va al futbol, no tiene familia, hijos o nietos. No tiene el tiempo, su única pasión es el poder y el poder total. El es el último jacobino, él es el terror y no descansa, no vino a realizar gestión, él vino a hacer la revolución. Y su revolución pasa por destruir al enemigo, que por ahora son los oligarcas de la media luna, luego serán otros y después otros, porque es imprescindible tener enemigos para seguir movilizados, buscando destruirlos y seguir afianzando su poder y su ego. Luego quizá se construirá una nueva sociedad a su imagen y semejanza, si queda alguien para verlo.

Con esta percepción busque algunas referencias sobre este tipo de sicopatología y encontré estas que comparto con ustedes:

En Grecia, el vocablo tyrannos se aplicaba a dioses y hombres. Se refería al poder absoluto y arbitrario que no respetaba la ley, cuyas normas debían flotar por encima de ellos mismos. Es un tyrannos quien adopta medidas despóticas que incluyen la fuerza: castiga, destituye, descalifica, persigue, destierra y hasta mata. El tyrannos es violento. Es rencoroso. Prefiere permanecer ensimismado, encerrado, sólo accesible a los aduladores, para sostener su mundo ilusorio, autista. Ignora la piedad y el perdón, que considera signos de peligrosa debilidad o derrota. Jamás se pone en el lugar del prójimo, al que, en general, desprecia cuando no le sirve. Considera que merece que todo le pertenezca. Por eso se dedica a confiscar los bienes ajenos. Y no lo frena el pudor al mentir, en especial cuando asegura que ayuda a los pobres y débiles. Pero los pobres siguen siendo pobres, para constituir su ejército ciego, ignorante, que lo apoya para continuar atornillado en el poder. Dice que gobierna para todos, pero es mentira, porque margina sin clemencia a quienes no bajan la cabeza ante él ni doblan la rodilla. Le fallan las percepciones debido a la omnipotencia de su mente inmadura. Su soberbia requiere una reiterada convalidación por parte de los aduladores, que deben servirle halagos como si fuesen el pan de cada día. Es un negador tenaz de la realidad, a la que le impide que llegue a su retina. Por eso, Edipo termina arrancándose los ojos: ojos que se negaron a ver. Marcos Aguinis, Comentarios sobre Sófocles y Edipo Rey

El Gran Hermano de George Orwell está en todas partes. ¿Se debe ello a que los ambiciosos disponen de medios cada vez más espectaculares de autopromoción y defensa? Tal vez. Pero también a que la “multitud solitaria” tiene hambre de presencia, de encarnación, y se abalanza a la “servidumbre voluntaria” que antaño denunciara La Boétie.
El poder es la facultad reconocida (por lo menos de hecho) a un individuo, o a un grupo, de imponer a una colectividad una coacción permanente en un territorio dado. Esa presión se desvía sin cesar hacia la exacerbación radical. Todo en este siglo la exalta: la amplitud de la violencia de las crisis, la disociación, la emergencia de colectividades titubeantes y ávidas de pastores, el desarrollo de sociedades de telespectadores sedientos de rostros. Jean Lacouture

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