EL VIEJO TRUCO DE LO ORIGINARIO

EL VIEJO TRUCO DE LO ORIGINARIO

Ovidio Roca
23/03/2009

El proyecto masista, cocalero, indigenista y ahora estalinista, trata de imponer su proyecto totalitario en Bolivia. Este intento es resistido por la población urbana nacional y especialmente la de las regiones autonómicas de la llanura y los valles, que resisten sus propósitos estatistas, centralistas y racistas, que están dividiendo y enfrentando al país.

Para imponer este proyecto, la neoizquierda boliviana ya no acude a la vieja predica de la lucha de clases, sino a la de razas para lograr el apoyo de la masa. Usa ahora eficazmente la “conciencia indígena” ( ya no de clase) de la población que mayoritariamente mestiza mantiene un fuerte vínculo con su origen y cultura nativa.

Usando este libreto, los teóricos de lo indígena originario, europeos creyentes del mito del buen salvaje y criollos cínicos que usan lo indígena para su beneficio económico y proyección política, postulan para atraerse a la masa, que la “población originaria” que habitaba las tierras de Bolivia antes de la llegada de los españoles, es la única propietaria de este territorio y especialmente de los derechos sobre los recursos naturales.

Esta propuesta de justificar como propios, territorios precariamente ocupados hace quinientos años por la población indígena, no es consistente con la historia del mundo. Es necesario entender que los flujos y reflujos poblacionales han ocurrido y ocurren en todo el mundo y definitivamente también en esta América, donde todos somos migrantes y no hay originarios, salvo algunos como los quirquinchos y los corechis.

En consecuencia la tesis de lo plurinacional con territorios indígenas y propiedad de los recursos naturales, donde se aplican normas especiales basadas en usos y costumbres tradicionales de los originarios (significa en la practica la decisión del líder), al margen de ser demagógica, excluye y divide la población boliviana y lleva a la segregación nacional.

Veamos: los quechuas que vinieron, según los antropólogos genetistas, de alguna región del actual Japón, construyeron en lo que es el Perú, una civilización y una cultura administrativa que les permitió ampliar su ámbito de dominación. Y lo hicieron invadiendo el espacio andino que ocupaban los aimaras, urus, chipayas y otros, siendo frenados en su expansión hacia los llanos por los guaranís.

Los aimaras a su vez, cuando llegaron al ande desplazaron a otros pueblos y estos a su vez a otros que llegaron primero. Antes de estos “primeros”, no había como dijimos, más que silvicurus, cutuchis y tucuimas, pues el hombre llego a nuestra América como resultado de una larga expansión migratoria que empezó en el África, cuna de la humanidad.

En cuanto al otro argumento para enfrentar a los bolivianos, el racial, sabemos y ahora con certeza que no tiene sustento biológico; los hombres, los animales, los gusanos tienen una misma estructura genética básica y lo han comprobado los que descifraron el genoma humano. Los tipos raciales que ahora se enarbolan como parte de la estrategia de poder de los indígenas originarios, son como todo en la naturaleza producto de la adaptación y selección natural y forman parte de la fecunda biodiversidad.

Sin embargo, cabe resaltar que ha sido una constante en la historia humana el uso de las diferencias raciales y religiosas como mecanismo ideológico de enfrentamiento y dominación, como ahora se lo intenta hacer en Bolivia.

Estos elementos culturales son fácilmente detectables y permite identificar y excluir así a los enemigos, los réprobos. Si viene un migrante y compite con mi trabajo, fácilmente puedo enfrentarlo y excluirlo arguyendo diferencias de piel, de religión, de cultura. Si quiero apoderarme de tierras fértiles, gas, madera, agua, argumento que los ocupantes son advenedizos y yo soy el único originario. El mismo argumento se ha usado en el pasado para exterminar a los judíos o esclavizar a los africanos y tantos otros.

Sin embargo y entre las cosa buenas, la comunidad humana en el transcurso de su azarosa historia ha abandonado (en algunas sociedades) estos valores de exclusión y racismo y reconoce y practica ahora valores democráticos y de libertad individual, entre ellos el concepto de ciudadanía.

Esta Ciudadanía fue inicialmente política, es decir ser participe de las decisiones de la comunidad, y luego Ciudadanía Social, participar de los servicios sociales que crea el Estado. La Ciudadanía política y social es un pacto social que se concreta en un estatuto jurídico que otorga derechos políticos, civiles y sociales a los sujetos que la disfrutan ya sea por nacimiento o por nacionalización

La ciudadanía moderna no tiene nada que ver con lo étnico o regional, es exclusivamente una “relación política” entre el individuo y una comunidad política y al margen de su época de arribo, de su tipo racial, religión, clase social, es decir todas las personas son iguales ante la ley y tienen derechos y obviamente deberes por ser ciudadanos de un Estado.

En consecuencia, lo de originario es un cuento cruel y el establecimiento de derechos de las personas por razón de raza es parte de un proyecto totalitario que busca perpetuarse en el poder, favoreciendo obviamente no a los indígenas originarios pues llegado el momento también ellos serán excluidos, sino a un grupo variopinto de mestizos, tevis, oenegistas, sicópatas trepadores del poder y del goce de dominar y castigar a los réprobos, sean mestizos, k`aras o indios.

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