CONFIANZA Y LIBERTAD

CONFIANZA Y LIBERTAD

Ovidio Roca
21/10/2009

Un argumento muy común que percibí en los migrantes andinos cuando se les convocaba el acatamiento de ciertas normas de convivencia o de preservación del ecosistema fue “eso serán las leyes de ustedes, no las nuestras”. Esto era antes del masismo y muestra que la cultura democrática no forma parte de los valores de gran parte de la población.
Lamentablemente la ausencia de educación y cultura ciudadana hace que carezcamos de valores éticos y sea por ejemplo más aceptable la promesa del rápido enriquecimiento mediante la repartija de los bienes de los otros, que surgir con esfuerzo propio. También es bienvenida la permisividad con las actividades ilegales y depredadoras que generan riqueza fácil. Se aceptan como buenas las estatizaciones que multiplican pegas y negociados, también la creación de empresas públicas que producen comisiones mientras se construyen, y luego otra vez pegas sin importarse de la ineficiencia y las pérdidas. Es pues el rentismo, los bonos, la permisividad, cuando no la complicidad, con el narcotráfico y el contrabando masivo (como forma de lavado de los dólares de la cocaína) la cultura y el rumbo que ofrece el MAS.

La historia de la que no terminamos de aprender, nos muestra que este camino siempre ha conducido a la anarquía, la pobreza, la perdida de la cohesión social, de la institucionalidad, los valores democráticos y la destrucción del espíritu nacional. De seguirlo ya no tendremos confianza en nada ni en nadie; todos estaremos luchando contra todos; los intereses corporativos imponiéndose con bloqueos y palos, desechando los caminos institucionales; la justicia comunitaria sacrificando a cualquiera que moleste; cada poblado convertido en un feudo y todo caótico e ingobernable. Entonces el gobierno que ha logrado establecer y consolidar su estructura de poder deja su predica demagógica e impone su nuevo orden revolucionario, pues es imposible gobernar en la anarquía. Se acaba el discurso, la represión dura y cruenta se instaura y la Dictadura se entroniza; una camarilla se apodera del país, y entonces se olvidan de las etnias, de la pachamama y de los quinientos años, pues de lo que se trata es de ejercer el poder absoluto sin opositores, ahí lo vemos a Castro en Cuba haciéndolo por mas de cincuenta años.

Revisando la historia, para ver si algo podemos aprender, encontramos que recién tres siglos atrás, unos pocos países iniciaron su camino al desarrollo cuando lograron instaurar un ambiente social de confianza y de libertad. Confianza en que las personas podían transitar libremente y llegar de un lugar a otro, tanto ellos como sus mercancías y con relativa seguridad. Cuando podían vender y contar con mecanismos que le garantizaba recibir su pago. Cuando se institucionalizaron los derechos y obligaciones de las personas y de las organizaciones y se consolidó un Estado Nacional con leyes, jueces y organismos coercitivos que garantizan estos pactos. La confianza ha sido por tanto la base y el resultado de la institucionalidad y del Estado de Derecho, en contraste con el poder personal y discrecional que sustentan los autócratas y dictadores.

Esta confianza se basa esencialmente en la previsibilidad de la conducta presente y futura de las personas, de las empresas, del Estado y avala al emprendedor para arriesgar su capital y su trabajo. En base a la confianza y la libertad, las personas y organizaciones pueden trabajar juntas y lograr objetivos comunes, que es lo que ahora llamamos capital social. Por el contario cuando no existe confianza las personas no logran trabajar juntas y dudan en arriesgarse en nuevos emprendimientos y a su vez los capitalistas nacionales y extranjeros dejan de invertir donde no existe Estado de Derecho ni reglas del juego claras y estables. Y cuando algunas inversiones se realizan, se las hace de forma especulativa, en un ámbito de corrupción, buscando ganancias leoninas y la recuperación de las inversiones en el corto plazo.

El Rey Juan Carlos (14/09/09) le dijo a Morales “unas reglas claras y una política económica despejada de incertidumbres” facilitarán la permanencia de las empresas españolas en Bolivia.

En estos sus cuatro años de gobierno, el MAS esta teniendo un tremendo éxito en destruir el sentido de libertad, seguridad y confianza en el futuro y del capital social que existía en el país, que aunque reducido estaba mejorando. En el actual ambiente de suspicacia, de inseguridad jurídica de incapacidad de gestión gubernamental es explicable que los capitales hayan migrado y los que se obtienen para los proyectos de inversión tengan un alto contenido especulativo y los proyectos se ejecuten en un marco de desembozada corrupción, con inversiones sobredimensionadas y sobrefacturadas, “comisiones de gestión” altísimas, para obras pensadas solo para gastar recurso públicos y cobrar las jugosas coimas.

Como consecuencia, la desconfianza se hace endémica y el grave problema es que cuando la locura populista que alienta el castrochavismo fracase, vendrá el duro y largo trabajo de reconstruir la República y la Nación boliviana, combatir la anarquía, el particularismo y el corporativismo endémico, restablecer la ley, el orden, la seguridad y sobre todo la confianza, pues como sabemos su perdida es inmediata y su recuperación cuesta tiempo y esfuerzo.

También esta el problema de la imagen del país. El gobierno con el negocio del narcotráfico y su alianza con países terroristas, ha posicionado ante el concierto mundial una imagen de suspicacia para unos y de franca condena en otros, lo que afecta la calificación del país como receptor confiable de inversiones. El hecho de que el Presidente Morales sea al mismo tiempo Presidente de los cocaleros del trópico de Cochabamba cuya producción se destina mayoritariamente a la elaboración de cocaína muestra una peligrosa imagen, y por más de que el Presidente exprese a la opinión pública internacional su decisión de combatirlo, nadie le cree. A la gente se la conoce y se la valora por sus acciones y no por sus palabras.

El problema mas grave es que la pérdida de valores democráticos esta permitiendo que las ofertas electorales del gobierno, como las de su demagógica reivindicación racial y la decisión de no poner freno de los negocios de la coca y el contrabando (que alimenta gran parte de la actividad informal del país), logren apoyo mayoritario de esa gran masa que vive de la informalidad. Por eso creo que estas elecciones de Diciembre nos encuentra a los bolivianos en una grave encrucijada, donde tenemos que elegir uno de dos caminos. Uno difícil hacia la democracia, con su cuota responsabilidad personal, de confianza, de esfuerzo y trabajo y el otro aparentemente más fácil, de responsabilidad comunitaria y el utópico Socialismo del Siglo XXI del castrochavismo, inviable económicamente y que conduce a un narcoestado paria para la comunidad internacional.

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