CAMBIAR EL MODELO

CAMBIAR EL MODELO

La cultura nacional y el Estado

Ovidio Roca Avila 2004

Bolivia vive un ambiente crisis institucional, de anomia social, de empate de visiones e intereses y en este ambiente de crisis, nos enfrentamos a un incierto proceso electoral en el cual se postula el cambio de modelo económico y de Estado.

Además del majadito, el chairo y el picante, a los bolivianos nos gustan las soluciones mágicas y de efecto inmediato; difícilmente enfrentamos con trabajo y dedicación, los problemas reales y concretos y menos con una perspectiva estructural, constructiva y de largo plazo. Si algo no funciona en la sociedad, buscamos cambiar las leyes, las que después no cumplimos, en lugar de trabajar en un proyecto de país preocupándonos por la  eficacia de la gestión, en lo operativo y lo práctico.

Otra característica, es nuestra  actitud esquizofrénica ante lo que llamamos Estado, por un lado tenemos una absoluta desconfianza hacia las instituciones y las leyes, y por otro esperamos que el gobierno central, nos solucione absolutamente todo, hasta los problemas domésticos.

Algunos sectores sociales y políticos bolivianos, en esta búsqueda de soluciones mágicas, se aventuran y postulan el cambio del modelo de economía de mercado, sin cerciorarse en primer lugar si tenemos un Estado que cumple las funciones básicas, de dar seguridad jurídica y orden para la población, y menos explicar que modelo económico pretenden implantar.

La experiencia internacional de los países exitosos, muestra que luego de haber consolidado el Estado, han construido un modelo de economía dando énfasis al mercado y fortaleciendo su capacidad de gestión. De lo que se trataría entonces es ejercer y cumplir las funciones básicas del Estado y adecuar el modelo económico a la realidad nacional e internacional, contando para ello con gobernantes con visión de estadista, calidad de instituciones estatales y una burocracia eficiente.

En el mundo desarrollado el modelo económico que esta funcionado consiste básicamente en:

–   Un régimen competitivo de libre mercado; la otra opción es el dirigismo con precios y cuotas fijadas por el gobierno

–   Apertura al comercio internacional; la otra opción es cerrarnos a la globalización de la información y los mercados. En todos los casos debería  cerrarse al contrabando.

–   Banco Central autónomo y Equilibrios macroeconómicos; la otra opción es el descontrol y la inflación tipo  UDP.

–   Iniciativa privada como motor de la economía; o por el contrario Estado empresario, retornar a Comibol, YPFB y repartir empleos públicos, que se traduce en pegas y no empleo productivo.

Un esclarecedor informe:la Economíamás allá del Gas, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD, nos explica que lo que requerimos nos es tanto cambiar el modelo económico, sino el patrón de desarrollo, que actualmente concentra la actividad económica en pocos productos exportables.

Por tanto si no buscamos soluciones estructurales, diversificando la producción y los mercados, podemos hacer todos los cambios de modelo que queramos y el país seguirá dedicado a la explotación de unos pocos recursos naturales, sin incluir a nuevos actores productivos ni generar mayor valor agregado.

El mundo actual, la sociedad del conocimiento, de la globalización, exige diversificación, libertad, individualismo y una nueva actitud de parte del Estado y de los servidores públicos.

El nuevo Estado boliviano para mejorar el bienestar de su población, que al final es lo que cuenta, debe participar activamente para cambiar el perfil productivo de la economía, mejorar la coordinación y el marco institucional, para que esto realce la actividad productiva y empresarial y genere la riqueza que permitirá mejorar las condiciones de empleo y calidad de vida de los bolivianos.

Por tanto el gran problema del país no es un tema de modelo, pues el modelo determinará   – como nos enseña el PNUD – simplemente de qué forma se administra el patrón de desarrollo, si lo hace con más mercado que Estado o viceversa. Se trata mas bien de gestión, de la dotación de factores de producción – capital, tecnología, mano de obra -, de la modalidad de inserción internacional – apertura a mercados externos, reglas de juego para competir -, de dar énfasis a lo productivo, a la inclusión ciudadana, la subsidiaridad, la eficacia, la transparencia, la gobernabilidad; con la participación de la ciudadanía que cumpliendo sus obligaciones exige sus derechos.

Ante la crisis del Estado centralista, el principio de subsidiaridad es el que debiera sustentar la esencia de la relación entre el gobierno central, los gobiernos departamentales, locales y la sociedad civil. Así, el gobierno central  no debiera suplantar la iniciativa y responsabilidad que le corresponde a cada actor en su área de responsabilidad. Cada uno tiene su irreemplazable papel y al Estado le corresponde un rol esencial, que dice relación con el establecimiento de un marco de políticas públicas, incentivos y las regulaciones que sólo los gobiernos pueden proveer. Esta es la percepción de los ciudadanos en los Departamentos que demandan descentralización y es el camino sobre la cual debemos transitar para la construcción de un nuevo Estado nacional democrático, con autonomías departamentales, solidario y productivo.

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