ESTADO INCONCLUSO

ESTADO INCONCLUSO
– Ovidio Roca – 14.5.2011″

Bolivia no ha logrado conformarse como Estado Nacional, es un Estado ausente, un Estado Inconcluso, que ni siquiera ha logrado tener presencia en todo el territorio que pretende administrar, y en tal razón no puede cumplir con su principal función: la provisión de seguridad para las personas y justicia en la aplicación de las leyes.

En la década de los 80 se inicio un aprendizaje de democracia y participación que duro hasta el 2006 cuando retornamos una vez más a un esquema totalitario con disfraz democrático.
La Republica de Bolivia por su ubicación lejos de las costas y sin vías de comunicación no logro insertarse al proceso de desarrollo, cual lo hicieron otros países de íbero América aprovechando su situación costera; menos recibió los beneficios de la migración con tecnología y vocación industrial. Su inserción en la economía mundial, la logro exclusivamente como proveedor de minerales y en la región de los llanos, puntualmente y por escasos años, con la goma.
Un país extenso, poco poblado, sin integración física y con una deficiente y débil estructura institucional. Un Estado centralizado de ficción, que perdió en guerras y litigios más de la mitad de su territorio. Un país pobre y con una gran diversidad geográfica, ecológica, étnica, social, cultural e histórica, totalmente desaprovechada.
Históricamente el Estado boliviano estuvo circunscrito exclusivamente al área minera, único objeto de interés del grupo gobernante; el resto era monte y culebras.
Un Estado exclusivamente andino que no logro dar seguridad territorial, protección y seguridad a los habitantes, menos un marco de políticas estables que garanticen bienestar, educación, acceso al trabajo, a la propiedad, a servicios públicos esenciales y a la participación ordenada en la vida pública, como corresponde a una sociedad libre y democrática.
Un país donde el setenta por ciento de la actividad económica es informal y donde el empleo es mayoritariamente o ilícito o informal. Un país donde en los últimos años, el narcotráfico campea cada día más libremente.
Un Estado con carencia de gestión y de resultados, que imposibilita que el pueblo lo reconozca como tal y guarde lealdad a los gobernantes.
Una sociedad de raíz indígena, que recién a mediados del siglo pasado intenta integrarse social y territorialmente y construir la mestiza, Nación Boliviana.
El resultado es que no se ha construido un verdadero sentimiento de pertenencia y orgullo nacional, no existe una historia nacional compartida, salvo ese relato patriotero de presidentes que suben y son defenestrados rápidamente; de batallas y de mar perdido, que se enseña en las escuelas buscando unificar al país.
Una historia pensada y construida desde la égida de una sola región y del grupo gobernante del Estado centralista.
La verdadera historia, la de las diversas regiones y pueblos en su lucha por su autonomía y por la construcción de un Estado Nacional con visión de futuro, de prosperidad, de progreso y que nos incluya a todos, aún no ha sido escrita.

La gente por sobre todo busca sobrevivir y encuentra alternativas en la medida que el Estado no se las da, en consecuencia crean sus propias leyes y evitan la mínima interferencia externa hacia la actividad “legal o ilegal” que han aprendido y adoptan para progresar. Son pueblos diversos y dispersos, con intereses y costumbres diferentes, que tiene poco interés en fortalecer ese Estado Nacional centralista, del que no tienen buenos recuerdos y menos interés en acatar sus leyes y sus controles.
Como una forma de autodefensa y supervivencia, estos grupos sociales, se han unido en corporaciones, gremios, logias, sindicatos, movimientos sociales estructurados a modo de grupo de presión y autodefensa. Practican el corporativismo autista, esto es aplicando sus propias leyes.
Y pese a su vivencia corporativa y practica mercantilista, (fruto de la predica trotskista) en las zonas mineras, gran parte de los activistas sindicales tienen con una fuerte orientación al socialismo, como solución desde arriba a todos los problemas, aún los personales.
Dada la escasa industrialización y falta de oportunidades de trabajo en el área urbana, la máxima aspiración de una parte de la población es la “peguita” que les soluciona el hambre y desde la seguridad de ésta, buscar sus propios negocios. Así vemos cada año colas interminables para ingresar a las Normales (escuelas de formación de maestros), a los Institutos Policiales y al Ejército. Muchos se hacen engañar con el cuento de que ingresaran allí sin trámites y algunos lo logran, pues coimearon al que era. Especialmente en el área urbana, los partidos políticos, los sindicatos y logias son la vía para acceder al peguismo estatal y al de las instituciones de amplia y dispersa base social, como las cooperativas.
Por falta de cultura y control institucional y ciudadano, las organizaciones se constituyen en feudos de grupos que las usan para su beneficio personal. El concepto de servidor público es generalmente ignorado, ellos son propietarios de la institución y buscan según su nivel de decisión, sacarle el mayor provecho: desde información privilegiada sobre la localización futura de obras públicas que engordan tierras, comisiones por adjudicación de obras, para acelerar los servicios, para obviar multas, para otorgar licencias. Mientras más corrupta es la cabeza de la institución mas corrupta es la estructura.
Lejos de los centros urbanos y del aparato gubernamental, se desarrollan esquemas diferenciados de organización que permiten a sus miembros la satisfacción de sus intereses y aspiraciones:
Los sindicatos cocaleros, sustento del actual régimen y que están bajo el liderazgo del Presidente del Estado Plurinacional, reivindica territorios libres para el cultivo de la coca y su procesamiento y exigen la expulsión de cualquier control internacional sobre el narcotráfico.
En la región altiplánica, los ayllus definen de facto territorios libres para el contrabando y una pista expedita para mover mercancías de todo tipo, desde éste centro del continente hacia los países vecinos.
Millones de informales pululan por las ciudades vendiendo toda clase de mercancías del más diverso origen.
Miles de “cooperativistas mineros” explotan en forma precaria, con gran sacrificio y ninguna previsión ambiental y de contaminación, minas abandonadas y restos de anteriores explotaciones.
El dinero del narcotráfico aceita esta enorme economía informal.

Todos quieren el libre albedrío en su feudo, en su área de actividad y no aceptan un Estado y leyes que afecten sus intereses y su libertad de hacer sus negocios, que intente controlarlos y cobrar impuestos. Solo aceptan una ficción de Estado para la imagen internacional.
En la región del oriente, con una cultura más liberal y abierta al mundo y la innovación, al lograr finalmente integrarse vialmente a los mercados internos y externos, los grupos locales y emprendedores migrantes de origen nacional y extranjero, ampliaron rápidamente la estructura productiva agroindustrial y al momento es la región que garantiza gran parte de la canasta alimenticia del pueblo boliviano.
Una visión provinciana y falta de cultura política evitaron que la región oriental juegue un rol importante en la política nacional. El desconocimiento de ese mundo minero e indígena boliviano, abonaron este desinterés por la política nacional, en la que incursionan solo de manera sectorial para defender intereses coyunturales. Por otra parte una estructura corporativa-logiera destruyo toda posibilidad de surgimiento de una intelectualidad con pensamiento libre y moderno.
Por lo general no se percibe en el país la existencia de una visión nacional en los gremios sociales y en los políticos, mas bien prevalece la visión gremial, sectorial y local.
La población boliviana ingresa al Siglo XXI angustiada por los bloqueos y huelgas lideradas por los cocaleros en busca de tener un territorio libre para su producción y por diversos movimientos sociales buscando sus reivindicaciones. Gente de clase media desesperada pensaba que con el gran bloqueador (Evo) en el gobierno vendría la tranquilidad, esto abono el ascenso del MAS y su triunfo electoral abrumador el año 2005.
El MAS es fruto de una exitosa ingeniería de las ONGs que aprovecha el desbande de los partidos políticos y el caos en que vive el país. Es así que usando un discurso populista, de reivindicación étnica y de nacionalización de hidrocarburos, logran el apoyo de diversos grupos de interés corporativo, indígena e ideológico. Importantes sectores urbanos atemorizados por el desorden cotidiano y buscando una salida al caos, apoyan también al líder indígena, quien logra mayoría electoral y asume el control del aparato del Estado.
El MAS con un pensamiento totalitario, toma control del país: del poder coercitivo (ejercito y policía), del poder judicial (fiscales y jueces), medios de comunicación estatal, tesoro nacional, prebendas y pegas gubernamentales y promueven una ficción de Estado democrático para lograr el reconocimiento internacional
El grupo estalinista-jacobino, con voluntad de poder y proyecto ideológico, se apodera rápidamente del proceso de cambio de raíz indígena y cocalera, utiliza la figura del indio y se alía a la estrategia de poder político continental del Socialismo del Siglo XXI. Estos ideólogos y operadores tiene una extraordinaria capacidad de manipulación y un cinismo absoluto, ellos siguiendo una concepción comunista (con el aditamento del discurso indigenista) quieren ejercer el poder total y manejar el Estado para perpetuarse y sobre todo, hacer sentir su poder.
Hasta la fecha han logrado el control de todos los poderes del Estado y los han centralizado en el Ejecutivo. Tienen control sobre los fiscales, jueces, policía y ejercito y los usan para perseguir y destruir toda oposición política, perseguir cualquier tipo de actitud y opinión adversa. Han condenado a la cárcel a toda autoridad contraria al régimen y obligado a exiliarse al resto.
Con el afán de iniciar una nueva historia a partir de ellos, de inventar el mundo a partir de ellos, estos sociópatas etno-comunistas tienen que destruir todo el pasado y se engañan pensando que todo lo que hacen perdurara. Desconocen y tratan de destruir cualquier avance realizado anteriormente en la construcción de institucionalidad, en gestión de gobierno, legislación e integración social. Durante la democracia se logro atraer inversiones y posicionar a Bolivia como un proveedor potencial de gas a nivel internacional. El país fue líder entre otros, del Desarrollo Sostenible, Manejo de Bosques y Gobiernos Locales con la Ley de Participación Popular. Durante una época el Tribunal Constitucional, la Corte Suprema, la Corte Electoral, las Superintendencias fueron respetados y reconocidos; todo esto fueron importantes avances en la construcción del Estado Nacional, que señalan un rumbo cierto hacia una sociedad democrática.
El proyecto de construir un Estado Nacional desde las regiones y pueblos, que es una aspiración popular sobre la que se estuvo trabajando, ha sido dejado de lado y mas bien se conspira contra la Nación boliviana con su fragmentación en treinta y seis nacionalidades, a las que se impulsa volver a su primitivismo, desconociendo la realidad de un mundo globalizado, de una cultura universal y de valores y derechos humanos comunes.
Al momento, después de una desastrosa gestión económica y pese a la coyuntura de altos precios de las materias primas que les permitió ingresos antes nunca percibidos; el hambre y la inseguridad se hacen patentes, la inestabilidad social, huelgas y bloqueos se multiplican y los intereses de los diversos grupos que se juntaron con el MAS para la toma del poder, están empezando a colisionar. Su mayor éxito ( gran ironía) ha sido la expulsión de toda inversión extranjera en capital y tecnología y rifar la posibilidad cierta de constituir al país en un proveedor energético, usando el gas.
El MAS, de inicio unió diversos y dispares grupos que pensaron que juntos podían lograr sus objetivos, ahora estos han entrado en contradicción. El modelo estalinista-estatista esta chocando con la cultura y práctica comercial y capitalista de la mayoría de la población boliviana, con su apego a la propiedad como fruto de su esfuerzo, contra la libertad de buscar libremente sus mejores opciones.
Se nota una insurgencia de grupos de intelectuales indigenistas que han decidido expulsar a los comunistas q’ras y aspiran a gobernar ellos dando un salto al pasado mítico y establecer su preeminencia y su poder sobre todos los demás. Algunos pretenden aun mas, dar vuelta a la historia volver al ayllu y expulsar a todo descendiente de europeo, difícil cometido en una sociedad mestiza.
La población urbana, que sufre en su vida diaria, los efectos de la pésima gestión y el permanente bloqueo y desorden empieza a rechazar el masismo. La gente con mayor acceso a la información conoce que el camino comunista y de estatización de las empresas no funciona y que esta aberración ya la abandonaron todos los que la sufrieron: Rusia, China, Vietnam, y ahora Cuba.
A su vez el auge del narcotráfico esta generando dinero fácil, juventud drogada, pérdida de valores, proliferación de mafias vinculadas internacionalmente y un estado generalizado de violencia, inseguridad e indefección. Realidad ésta que los ideólogos jacobinos empachados de libros, de recetas fallidas e impulsados por un afán omnímodo de dominación no terminan de comprender.
Estamos pues ante un Estado inconcluso, no fallido pues no llego a nacer y ejercer su dominio sobre la geografía del país. Hoy es la oportunidad de que nuevas generaciones, intelectuales, trabajadores, comités cívicos y nuevos o renovados partidos políticos, tomen la posta para construir ese nuevo Estado que necesitamos los bolivianos, que necesariamente debe basarse en el trabajo productivo, la cultura de la tolerancia y el conocimiento.
Un Proyecto de país que nos una a todos, que mire al futuro, sin bloqueos mentales ni físicos, que impida que los países vecinos nos vean como el corazón de la vinculación caminera y comercial de América del Sur.
Un estado autonómico, democrático, de economía de mercado, respetuoso del medio ambiente y la diversidad e integrador de esa rica diversidad cultural y étnica que tiene Bolivia.

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